La tragedia desatada en Ruta 40 no es un hecho aislado. Es un recordatorio brutal de las vidas que se apagan diariamente por la negligencia, la imprudencia y la falta de responsabilidad en nuestras rutas. Carolina Sastre, una joven de apenas 29 años, encontró la muerte en un instante que no debió haber llegado, arrancada de su vida por un choque que no tiene otra explicación más que la inconsciencia al volante.
Eliazar Flores Condori, ahora detenido, no solo será investigado por homicidio culposo, sino que su actuar lo convierte, para muchos, en un símbolo de lo que no se puede tolerar más. Según testimonios preliminares, manejaba de manera imprudente, zigzagueando, poniendo en peligro no solo su vida, sino la de todos los que transitaban esa noche fatídica. Regresaba de un asado familiar, y el sospechoso consumo de alcohol eleva el peso de sus decisiones a un nivel inaceptable de desprecio por las vidas humanas.
La camioneta Toyota Hilux, manejada como un arma sin control, impactó al Peugeot 308 en el que Carolina viajaba junto a sus amigas, Emilia Oviedo y Camila Bravo. Ahora, estas dos jóvenes permanecen internadas en Terapia Intensiva, luchando por sus vidas, mientras otra familia queda rota por el dolor y la incertidumbre. Como si la tragedia no fuera suficiente, la esposa del conductor, Angélica Mundocore, también se encuentra en estado crítico, evidenciando que el desastre no perdonó ni a quienes lo causaron.
Las imágenes de la colisión, las lágrimas de las familias y los testimonios de los testigos describen una escena que nunca debió haber ocurrido. ¿Cuántas veces más habrá que hablar de vidas truncadas antes de que algo cambie? El Ministerio Público investiga, se esperan pruebas, se buscan respuestas. Pero mientras tanto, la pregunta que resuena en cada rincón de San Juan es: ¿por qué seguimos permitiendo que la irresponsabilidad gobierne nuestras rutas?
La muerte de Carolina no debe ser solo una estadística más en la interminable lista de víctimas viales. Es un grito de alerta, una herida que debería empujar a la acción inmediata. Basta de conductores temerarios, basta de indiferencia, basta de lamentos tardíos. Lo que pasó en Ruta 40 no es solo una tragedia; es una sentencia que acusa a toda una sociedad que mira hacia otro lado ante un problema que cobra vidas todos los días. Esto no puede continuar. No debe continuar.

