Argentina es un país extraordinario. Tan extraordinario que logró un récord mundial digno del Guinness: de 24 provincias (Incluida caba), solo dos lograron crear empleo privado formal desde que empezó la nueva era libertaria.
Sí, leíste bien, dos, no es una encuesta y no es un error cálculo, es la realidad. Mientras el Gobierno predica las bondades del mercado libre, el mercado —aparentemente— decidió tomarse un año sabático en casi todo el territorio nacional. El resultado es una escena digna de comedia negra económica; 22 provincias mirando cómo el empleo privado se achica como sweater en lavarropas. Pero no todo es tragedia, en el sur del mapa hay fiesta.
Las provincias de Neuquén y Río Negro decidieron no arruinar el promedio nacional y se dieron el lujo de sumar trabajadores registrados, no porque hayan descubierto la fórmula secreta del crecimiento, ni porque algún ministro haya tirado pases mágicos sobre la economía. No. Simplemente porque debajo de su suelo hay un pequeño detalle llamado Vaca Muerta. Es decir que más que una política laboral, lo que hay es un pozo petrolero generoso. Mientras tanto, en el resto del país, la economía parece practicar una nueva disciplina olímpica: la caída sincronizada del empleo formal.
Los datos muestran que desde el cambio de gobierno se perdieron más de 170.000 puestos de trabajo registrados entre sector público y privado. Pero tranquilos, siempre aparece el optimismo estadístico, porque cuando desaparece el empleo en relación de dependencia… aparece el monotributo salvador. La nueva carrera laboral argentina podría resumirse así: Tenías trabajo, te quedaste sin trabajo, ahora sos emprendedor, o sea monotributista, o sea sobreviviente.
El fenómeno es tan evidente que el crecimiento del empleo reciente se explica más por autoempleo que por empresas contratando gente, es decir que el país no está creando empleos, está fabricando rebuscadores, así que el mapa laboral argentino quedó reducido a una postal bastante curiosa, dos provincias con empleo nuevo y privado en aumento, Veintidós tratando de recordar cuándo fue la última vez que alguien firmó un contrato laboral. Pero no todo está perdido, porque si algún gobernador quiere mejorar sus estadísticas laborales, la solución parece clara, no necesita reformas estructurales, ni incentivos productivos, ni planes de desarrollo, solo necesita una cosa, Un yacimiento petrolero del tamaño de Vaca Muerta debajo del escritorio.

