Mientras algunos andan jugando a “esconder el teléfono”, Orrego está con el celular cargado, el traje planchado y el GPS seteado en “Casa Rosada”. No es que esté desesperado por ir, pero si hay que poner la cara por San Juan, el tipo va, aunque sea a patear puertas con una sonrisa.
Y lo deja claro: la silla de San Juan no se enfría, no importa si lo invitan tarde, mal o nunca. Si hay que discutir fondos, obras o lo que se deba, él aparece como ex que vuelve justo cuando estabas por olvidarlo.
Eso sí, avisen con tiempo, porque el tipo es prudente, pero no boludo. No va a ir a cualquier mesa a escuchar monólogos. Si va, va a hablar. Y a cobrar. Porque gobernar no es hacer sociales, es bancar a la provincia en el quilombo.

