La República Islámica amaneció en shock tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que terminó con la vida del ayatolá Alí Khamenei, el hombre que gobernó con turbante firme desde 1989.
Durante casi cuatro décadas fue presentado como un clérigo austero, casi franciscano… si San Francisco hubiese administrado discretamente entre 100.000 y 200.000 millones de dólares. Sí, leyó bien. El líder espiritual que predicaba modestia tenía una fortuna que hacía llorar de emoción a cualquier banquero de Dubái. Psó de revolucionario a CEO del islam. La criatura financiera se llama Setad. Nació en 1989 para administrar bienes “abandonados” tras la revolución de 1979, abandonados, claro. Abandonados por sus dueños originales después de que alguien los expulsara del país.
Según una investigación de Reuters en 2013, el conglomerado acumulaba activos por unos 95.000 millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva: valía más que las exportaciones petroleras anuales de Irán. Un comité revolucionario que terminó convertido en un holding que haría ruborizar a cualquier magnate occidental. El corazón inmobiliario remataba como si no hubiese mañana. En mayo de 2013 hubo casi 300 propiedades en subasta en un solo mes, departamentos en el norte de Teherán, granjas, comercios, complejos turísticos. Primero se confisca, después se vende, y si el comprador es amigo, mejor: descuento patriótico.
El método era tan simple que casi da ternura: Apropiación a costo cero, monetización creativa en dólares de los odiados EE.UU. , y bendición institucional, o sea capitalismo revolucionario con turbante premium. Hay diversificación en compras de acciones de Telecom, energía, droga basada en la amapola, y lo que pinte. En 2009, una filial compró 19% de la Compañía de Telecomunicaciones de Irán por 3.000 millones de dólares.
Otra rama —Rey Investment Co.— fue valorada en 40.000 millones. Telecomunicaciones, petróleo, petroquímica, minería, cemento, energía, banca, farmacéuticas, un portafolio tan variado que parecía armado por un MBA con fervor ideológico. La estructura societaria tenía más capas que una cebolla persa: participaciones cruzadas, empresas en bolsa, fundaciones “bonyad” fuera del presupuesto oficial, o sea transparencia nivel niebla en Teherán a las 5 de la mañana en invierno.
En junio de 2025, ataques sobre instalaciones nucleares como Natanz y Fordow encendieron la región. Misiles volaron. El Parlamento no votó fondos de emergencia.
¿Por qué?, porque existía el “tesoro paralelo”, mientras el rial sufría, las fundaciones vinculadas al líder seguían generando caja, liquidez inmediata, con cero debate legislativo, y un fondo anticrisis celestial. Hubo entonces sanciones, acuerdos y elasticidad divin, hubo sanciones, listas negras, idas y vueltas tras el acuerdo nuclear, pero como buen imperio financiero, el sistema se adaptaba. En crisis, activos baratos, en sanciones, intermediarios creativos, en acuerdos, expansión silenciosa, elasticidad doctrinaria aplicada al balance contable.
¡Pero cuanto se calcula el total de la fortuna de Khamenei? Los líderes de la oposicion iraní hablan de entre 100.000 y 200.000 millones bajo control del Líder Supremo y su entramado funcionarios religiosos, militares, y parientes.
Si el número alto fuera cierto, lo ubicaba en la misma conversación que Elon Musk, Jeff Bezos o Warren Buffett, la diferencia es que ellos cotizan en bolsa, aquí cotizaba la fe y los activos no auditados. Con la muerte de Khamenei, la pregunta no es solo quién tomará el liderazgo religioso, la verdadera puja está en el control del conglomerado invisible, porque en Irán el poder no solo se mide en votos o decretos, se mide en balances paralelos que operan fuera de foco.
Un imperio construido bajo la narrativa de la austeridad, un clérigo que predicaba sencillez mientras manejaba cifras que harían sonrojar a Wall Street, y una leccion, Nunca subestime a un hombre que habla de modestia mientras administra un hotel cinco estrellas en la isla de Kish, la revolución decían que era espiritual, pero la contabilidad siempre es terrenal.

