En Rawson, tierra bendecida por el sol y maldecida por el ingenio delictivo, la policía detuvo a dos EMPRENDEDORES del trabajo informal: “Los Barrenderos”, un dúo tan empeñoso que confundió “limpiar el barrio” con “vaciar una casa ajena”.
Uno hacía de “campana” —porque todo emprendimiento necesita comunicación— mientras el otro se trepaba por la ventana como si aspirara a las olimpíadas de parkour delictivo.
La idea era simple: barrer la zona, levantar lo que brille y, si todo sale mal, decir que estaban haciendo mantenimiento comunitario.
Pero una vecina con más vista que el SAT los descubrió y avisó a una policía que justo pasaba. En minutos, la escena parecía una función del Circo del Chorro: corridas, escobas voladoras y familiares arrojando piedras con la puntería de Messi en modo rabia.
Los protagonistas de este sainete sanjuanino fueron:
Alan Javier Riveros, alias El Verdurita, porque de tanto cultivar antecedentes ya puede abrir una verdulería judicial. Lo agarraron con tres anillos de oro, probablemente “heredados” de un cliente involuntario.
Ariel Osvaldo Mercado, alias El Terito, sorprendido con la escoba en mano, aunque parece que lo único que barre son casas ajenas.
Ambos terminaron detenidos, acusados de tentativa de hurto y de atentar contra el buen gusto del crimen organizado.
La justicia ahora decidirá si los manda a prisión o los contrata para limpiar los pasillos del poder —total, ahí también hay mugre para rato.
Porque, seamos sinceros: si cada ladrón que dice “yo no fui” terminara barriendo el piso, este país estaría tan brillante que hasta Cristina se vería reflejada.
Y mientras los Barrenderos descansan tras su faena fallida, uno no puede evitar preguntarse:
¿No será hora de que mandemos un par de estos a limpiar el Penal?, por lo menos dejan todo impecable.

