Macarena Cantero ya no camina por la vida: patina sobre una cáscara de banana judicial. La joven sanjuanina, conocida en los pasillos de Tribunales como “la empleada judicial… pero de utilería”, volvió a hacer de las suyas: no fue a una audiencia clave y mandó, como excusa, un certificado médico más falso que billete de tres mil pesos.
El episodio rozó el teatro absurdo. Mientras el fiscal se preparaba para imputarla por otra presunta estafa, la protagonista decidió pegar el faltazo olímpico alegando que había sido operada y que debía guardar reposo… ¡noventa días! Un descanso digno de un astronauta después de volver de Marte. Pero la magia se terminó rápido: el Ministerio Público levantó el teléfono y el médico que supuestamente firmaba el certificado dijo algo así como, “¿Yo? ¿Firmar eso? Ni en pedo. No la vi en mi vida.” Y ahí se pinchó el globo.
El juez, que ya venía viendo la película completa, no dudó: la declaró rebelde y ordenó su detención. Traducción al castellano básico: pasó de paciente imaginaria a prófuga real en tiempo récord. El abogado defensor, pobre hombre, quedó más desorientado que turco en la neblina. Admitió que había presentado el certificado creyendo en la palabra de su clienta… lo que en términos judiciales equivale a confiar en un vendedor de autos usados que te jura que el motor “está joya”. Tras diez días desaparecida del mapa, ahora aseguran que la joven planea entregarse… con nueva abogada, porque en esta historia los defensores duran menos que un helado al sol.
Pero lo más increíble es que este no es un debut: el prontuario de escándalos ya incluye promesas mágicas para recuperar casas perdidas, millones evaporados sin recibos y hasta un iPhone pagado con una transferencia más imaginaria que amigo invisible. No era empleada judicial, no recuperaba propiedades, no pagaba celulares… y ahora tampoco tenía certificado médico verdadero. Si el verso cotizara en bolsa, esta chica ya sería multimillonaria.

