La paritaria docente en San Juan se reanudó otra vez, en ese deporte provincial que consiste básicamente en sentarse alrededor de una mesa… a no decir cifras. El Gobierno convocó a los gremios con la promesa de una “oferta concreta”, una frase que en el diccionario político significa “Vamos a decir algo… pero no lo que los sindicatos esperan…”. En la reunión anterior, el Ejecutivo no llevó números, ni porcentajes, ni siquiera una servilleta con cuentas: solo llevó el clásico aumento por inflación emocional titulado “La economía está complicada”, ese hit que es habla de una verdad que se palpa, y ya va por la temporada de número infinito.
Mientras tanto, los gremios —que ya conocen el libreto— respondieron con su propia coreografía histórica: anunciar un paro antes de que aparezca el primer número.
Porque si algo está claro en la paritaria docente es que el conflicto siempre llega puntual… aunque el aumento llegue de una o en cuotas, el baile de la huelga esta siempre presente. El plan oficial sería pagar en dos tramos, uno en marzo y otro en junio. Es decir, el salario docente seguirá aplicando el método inflacionario argentino, porque
sube en capítulos, pero los precios suben en modo maratón olímpica. En el Centro Cívico, ministros y sindicalistas volvieron a verse las caras, en ese ritual anual donde todos saben cómo empieza, cómo sigue y cómo termina: El Gobierno dice que no hay plata, los gremios dicen que no alcanza, se amenaza con paro, aparece un número, nadie queda conforme, se comprometen “seguir dialogando”.
Y así, año tras año, la paritaria docente funciona como una telenovela infinita:
mucho drama, mucho suspenso… y un final que siempre deja a los protagonistas de los dos lados inconformes. Uno por los aumentos que se pueden dar, y del otro lado inconformes por los bolsillos a los gritos. En la Argentina, cuando el Gobierno promete una “oferta concreta”, los docentes ya saben lo que viene, no es un aumento, es un ejercicio de paciencia con inflación incluida.

