4:30 de la mañana. San Juan duerme. Bueno, casi todos… porque Fernando Suesa (37 años), más conocido desde hoy como “El Imbécil del after”, decidió que un Chevrolet Corsa podía ser un arma de destrucción masiva contra autos estacionados. Sin carnet, sin seguro y claramente sin cerebro, arrancó por Avenida Ignacio de la Roza como si lo persiguiera la ARCA.
Objetivo del juego:
Chocar todo lo que esté quieto. Primer blanco: un Toyota Corolla que, pobre, soñaba con su dueño volviendo del súper. Segundo: un Renault Kwid que no entendió nada y quedó con cara de “¿yo qué hice?”. Tercero: una Ford EcoSport que salió disparada como misil tierra-aire. Cuarto: un Ford Ka que recibió el impacto de rebote, como esos bolos que se caen aunque no les pegues directamente.
Escena cinematográfica
Vecino 1 (asomado en pijama de Garfield): —¿Ese ruido fue un terremoto?
Vecino 2 (con mate en mano): —No, fue un Corsa… pero tranqui, te destruyó el auto.
La pareja que iba de copiloto se llevó un golpe en la boca y decidió hacer lo más sensato: bajarse del auto y huir antes de que la policía le hiciera la primera pregunta: —¿Estás bien?
—Sí, gracias… y por cierto, ustedes no me vieron nunca.
La escena final parecía un after party de Transformers: Pedazos de paragolpes por todos lados, faros tirados como dientes después de una pelea en la barra, el Corsa estacionado torcido, con cara de: “¿Qué? Yo no fui…”. La policía llegó, tomó nota y se fue con la certeza de que los vecinos, ni los seguros, ni los chapistas que ya se frotaban las manos, se van a olvidar de IMBECILMAN (nuevo superhéroe de los choques).
Resumen moral de la historia: No tomes y manejes… y si no tenés carnet, por lo menos entrená en el Need for Speed, que los imbéciles ahi no lloran.