Con este número, la inflación interanual trepó a un glamoroso 43,5%, que en Argentina se traduce como: «¡Vamos bien, loco!» mientras uno se compra una cebolla a 800 pesos, pero contento porque el limón bajó.
Para encontrar un dato así de bajo, hay que volver a mayo de 2020, cuando estábamos todos haciendo pan casero, armando rompecabezas de 3.000 piezas y espiando al vecino por la ventana a ver si salía sin permiso.
¿Quiénes se portaron bien este mes?
Alimentos y bebidas no alcohólicas: subieron apenas un 0,5%. La lechuga bajó tanto (¡-25,3%!) que ahora se usa como cortina vegetal.Transporte: sólo subió 0,4%, probablemente porque nadie se mueve… o porque cargar nafta requiere hipotecar un riñón.
¿Y los más loquitos?
Comunicación: se fue al diablo con un 4,1% de aumento. Aparentemente, hablar por teléfono ya es un lujo comparable con una comida en París.Restaurantes y hoteles: aumentaron un 3%, y eso que los mozos ya te miran mal si no dejás propina en dólares.
Los “Estacionales” bajaron -2,7%. O sea, la naranja y el limón decidieron hacer patria y bajaron los precios, mientras la lechuga se deconstruye y ya no se cree verdura cara.
💬 En resumen, el dato de inflación sorprendió más que el final de una novela turca, y ahora todos nos preguntamos:
—¿Volvió la estabilidad?
—¿Se quedó dormida la inflación?
—¿O simplemente fue al baño y vuelve en junio?
Solo el tiempo, el INDEC y alguna señora de barrio con su libretita del súper podrán darnos la respuesta.