DUBAI.– Mientras el vuelo EK10 de Emirates avanzaba desde Londres sobre el espacio aéreo de Arabia Saudita, el lunes, la rutina de vuelo se quebró en cuestión de minutos.
En pleno trayecto, se conoció la noticia de un ataque con drones en Dubái, su destino final. La reacción fue inmediata: el avión giró en el aire y regresó a Inglaterra. El resultado, según los datos de vuelo, fue un recorrido de 9.100 kilómetros para volver al punto de partida. Uno de los tantos “vuelos a ninguna parte” que dejó la guerra en Medio Oriente.
No fue un caso aislado. Cerca de 30 vuelos de Emirates que se dirigían al Aeropuerto Internacional de Dubái recibieron la orden de regresar o desviarse después de que ataques iraníes obligaran a cerrar temporalmente el que suele ser el aeropuerto internacional con mayor tráfico del mundo.
La escena se repitió en múltiples rutas. Pasajeros que esperaban aterrizar al amanecer en la ciudad emiratí quedaron desconcertados al ver cómo sus trayectos cambiaban de rumbo. “Se suponía que iba a despertarme en la aproximación a Dubái”, escribió un usuario en redes sociales al compartir el mapa de su vuelo, que giró cerca de El Cairo y regresó a Dublín.
Los giros inesperados, bautizados rápidamente como “vuelos a ninguna parte”, se convirtieron en una de las postales más visibles del conflicto iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán. A esa disrupción se suman el aumento del costo del combustible, pasajeros varados y la reconfiguración constante de rutas, en un escenario que obliga a las aerolíneas a adaptarse sobre la marcha.
Emirates confirmó que algunos servicios regresaron a sus aeropuertos de origen o fueron derivados a centros cercanos a los puntos de partida, aunque evitó dar precisiones.
En las primeras horas del lunes, entre las 01:40 y las 02:00 GMT, vuelos provenientes de ciudades europeas e indias dieron la vuelta en pleno trayecto mientras sobrevolaban Arabia Saudita o el mar Arábigo, según datos de seguimiento aéreo. Un servicio desde Londres, que en condiciones normales completa el recorrido en menos de siete horas, terminó volviendo después de once horas y media. Otros regresaron a Madrid, Lisboa y París.
Para los vuelos más avanzados, el cambio de planes implicó trayectos aún más largos. Aviones provenientes de Nueva York, Tokio, Shanghái y Moscú fueron desviados hacia El Cairo, Karachi, Daca e Islamabad. Dos servicios desde Dallas y Toronto aterrizaron en Italia, mientras que otros, desde Lusaka, Daca y Johannesburgo, hicieron escalas intermedias o emprendieron el regreso.
Algunos lograron completar el trayecto, aunque a un costo operativo significativo. El vuelo EK9875 desde Shanghái llegó a Dubái después de recorrer 11.000 kilómetros durante 20 horas, con una escala en Bangladesh.
El conflicto había cerrado inicialmente grandes sectores del espacio aéreo del Golfo y reducido el tráfico regional a niveles mínimos. Aunque aerolíneas como Emirates, Etihad, Qatar Airways y flydubai restablecieron parte de sus operaciones, las alertas por drones y misiles continúan forzando desvíos repentinos. Incluso, el espacio aéreo de Emiratos Árabes Unidos volvió a cerrarse brevemente el martes.
En paralelo, las compañías reconfiguran su operación. Emirates trasladó decenas de vuelos desde Dubái a aeropuertos alternativos como Dubai World Central, Al Ain, Abu Dhabi y Mascate, además de hubs regionales como Jeddah, El Cairo y Medina.
El impacto es masivo. Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, Emirates canceló más de 2000 vuelos, lo que representa el 54% de sus servicios programados, según datos de Cirium. La cifra es aún mayor en otras aerolíneas: 93% en Qatar Airways y 79% en Etihad.
En total, unos 30.000 vuelos hacia y desde aeropuertos de Medio Oriente fueron cancelados hasta el 17 de marzo. Un mapa aéreo alterado por completo, donde incluso los trayectos más rutinarios pueden terminar en un viaje largo, costoso y sin destino.
Agencia Reuters

