El fiscal Gastón Salvio contó en Radio Sarmiento que este miércoles allanaron la clínica en Tiro Federal y El Milagro y se llevaron toda la documentación clave. Traducción: encontraron la evidencia de que alguien se estaba riendo del Estado mientras llenaba facturas como si fueran tickets de un juego de feria.
Todo empezó cuando afiliados, revisando la App de la OSP, descubrieron que habían pasado por el consultorio sin siquiera moverse del sillón de su casa. Sí, señores: consultas fantasma, análisis fantasma, pacientes fantasmas… y un bolsillo público que se quedó sin fantasía.
Entre los imputados están el bioquímico Pablo Olivares y su esposa Natalia Mateos, dueña formal de la clínica, junto con los médicos Eduardo Leaniz y Carlos Agüero. La acusación dice que facturaron consultas y prácticas inexistentes, y encima habrían intentado sobornar para frenar la Justicia. Spoiler: el soborno no funciona cuando tu delito es tan grande que podría tener código postal propio.
Si se confirma, la cosa podría sumar “asociación ilícita”, porque esto no fue un accidente: fue un club de estafadores organizados, más coordinados que muchos equipos de fútbol. Mientras tanto, Leaniz y Agüero siguen atendiendo como si nada, y Olivares y Mateos presumen de ser dueños de una clínica que, al parecer, funciona mejor en la imaginación que en la realidad.
Moraleja: algunos prometen salud, otros prometen magia… y estos últimos, por desgracia, prometen quedarse con la plata ajena.