SANTIAGO, Chile.– Cuando faltan menos de cuatro semanas para el traspaso de mando en el Congreso Nacional de Valparaíso y la entrega de la banda presidencial de manos de Gabriel Boric, el mandatario electo José Antonio Kast atraviesa una etapa que ha ido más allá de los gestos protocolares.
Antes de asumir, de hecho, ya fijó prioridades económicas y anunció recortes en su propio equipo, en línea con el tono de austeridad que busca imprimir a su administración, similar a la “motosierra” de Javier Milei. Y si bien el traspaso formal sigue avanzando sin grandes sobresaltos, las primeras definiciones sobre la orientación de su gobierno ya comienzan a delinearse.
La primera decisión relevante tuvo carácter fiscal. En los últimos días, la Oficina del Presidente Electo transmitió instrucciones para reducir el gasto en gabinetes ministeriales y subsecretarías, con la meta de que ese ítem sea por lo menos 15% menor al de la administración saliente. Además, se abrió una revisión sobre pagos adicionales y asignaciones, en un contexto de déficit mayor al proyectado para 2025 y menor recaudación en los últimos trimestres.
“Desde el propio Estado se va a hacer una revisión importante a todo lo que tiene que ver con la salubridad de las finanzas públicas, y probablemente se empiece gradualmente a implementar un programa de austeridad fiscal”, dijo a LA NACION Rodrigo Espinoza, director de la Escuela de Administración Pública de la Universidad Diego Portales.
En todo caso, el énfasis en la gestión no es nuevo en el discurso de Kast. Durante la campaña instaló la idea de un “gobierno de emergencia”, con cuya fórmula estructuró su relato electoral, y que ahora se ha reflejado en la composición del gabinete y en las primeras decisiones administrativas.
“Desde el mundo más empresarial, su futuro equipo ministerial ya ha dado luces de brindar mejores condiciones de inversión y, sobre todo, la promesa de reducir el número de trámites que deberá realizarse para proyectos de inversión”, planteó Espinoza.
Asimismo, el diseño del gabinete ha confirmado esa impronta técnica, con fuerte presencia de independientes y perfiles provenientes del mundo privado o académico. Incluso, en sectores de la propia coalición han surgido cuestionamientos reservados por la baja presencia de dirigentes partidarios y advirtieron que la gobernabilidad no depende sólo de la solvencia técnica, sino de la capacidad de construir mayorías.
¿Otro motivo? Que en un Congreso fragmentado, la ausencia de figuras con trayectoria legislativa implica un riesgo para la negociación de reformas estructurales.
“Creo que los nombramientos hablan por sí solos. Más que lo que pueda decir ahora, está hablando por medio del equipo que ha nombrado”, sostuvo el politólogo Kenneth Bunker, doctor en Ciencia Política de la London School of Economics y académico de la Universidad San Sebastián. “O sea, Kast ganó con dos grandes temas: políticamente, el tema de la seguridad, relacionado a la delincuencia y la migración, y la reactivación económica, por el otro lado”, explicó.
A juicio del analista, los nombramientos reflejan esa agenda de urgencia y reflejó tres niveles en la arquitectura del gobierno entrante. “Un primer nivel de ministros que son más bien independientes, expertos temáticos, salvo algunos casos como el ministro del Interior. En general son expertos sectoriales que tienen legitimidad propia”, señaló. “Un segundo nivel de subsecretarios con una capacidad muy empresarial, casi gerencial, que pueden ejecutar las agendas de los ministros. Y finalmente una tercera capa política con los delegados presidenciales, que facilita el trabajo a nivel local”.
Para el académico, de igual modo, esa estructura revela un perfil menos ideológico de lo anticipado. “Esto no es un gobierno de extrema derecha, como se pensaba. Podrían haber sido todos políticos del Partido Republicano o de la UDI, pero no es así”, afirmó.
Desde la oposición, el exdiputado socialista Osvaldo Andrade introdujo un cuestionamiento institucional. “Kast está pensando en prescindir del Parlamento en su primer periodo”, sostuvo en Radio Pauta. A su juicio, el diseño del gabinete y la distancia con los partidos podrían traducirse en un inicio apoyado en decretos y decisiones administrativas antes que en una negociación legislativa amplia.
La antesala del traspaso también ha reflejado otros fenómenos. “Los días previos al cambio de mando en Chile han sido menos una transición administrativa tradicional y más una disputa por el control de la agenda y del poder simbólico”, analizó Marco Moreno, director del Centro de Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central.
“El presidente electo ha buscado proyectar liderazgo antes de asumir, marcando prioridades económicas —orden fiscal, señales pro-inversión y certezas regulatorias— y diferenciándose discursivamente del gobierno saliente”, añadió Moreno.
Mario Herrera, analista y politólogo de la Universidad de Talca, también abordó esta suerte de simbolismo de gobernar antes de tener formalmente el poder.
“En términos políticos, durante este periodo de transición Kast ha tenido una postura ambivalente. Por un lado, conformó un gabinete más parecido al de Piñera y ha tenido algunos acercamientos con Boric producto de la emergencia y el cambio de mando. Por otro, ha realizado varias giras para visitar países que defienden la idea de la ‘batalla cultural’”, indicó.
“Esto refleja una disyuntiva de su gobierno similar a la que tuvo Boric en el pasado: tratar de moderarse y hacer un gobierno centrado en la administración o enfocarse en instalar ideas de derecha y tratar de mover el cerco hacia su sector”, detalló.
“El problema es que es una apuesta arriesgada. Al alejar a los partidos, si los resultados en términos económicos y de seguridad no llegan pronto, entonces no tendrá respaldo político para sostener el gobierno”, advirtió. “La clave será observar cuánto dura la luna de miel y cuán visibles sean sus primeros resultados”, concluyó.
El despliegue exterior incluyó reuniones con Nayib Bukele en El Salvador, con Javier Milei en la Argentina y contactos en Ecuador. En Europa sostuvo encuentros con mandatario húngaro Viktor Orban y la italiana Giorgia Meloni, gobiernos que comparten una agenda conservadora en distintos planos.
“En el plano internacional, su despliegue no es protocolar: apunta a construir legitimidad externa temprana, anclar expectativas en estabilidad macroeconómica y reposicionar a Chile como socio confiable”, expresó el analista Marco Moreno.

