En las colinas del condado de Orange, al sur de California, se levanta una propiedad que combina lujo, historia y pasión por los fierros. Valuada en US$125 millones, Lyon Estate no solo deslumbra por su arquitectura o sus comodidades de alto nivel.
Lo que la distingue verdaderamente es un espacio único incluso entre las propiedades más exclusivas del mundo: un museo privado de autos, diseñado como homenaje a los clásicos de Hollywood y a la era dorada del auto estadounidense.
Construida en 1986 por el mayor William Lyon, un veterano de guerra y magnate inmobiliario, la finca refleja no solo su poder económico sino también su profunda devoción por los autos. Lyon no concibió un garaje convencional; en su lugar, diseñó un espacio con capacidad para 70 vehículos, ambientado con estética retro y equipado como si se tratara de un taller profesional de época.
Allí, cada auto contaba con su lugar asignado y la infraestructura incluía una estación de servicio privada, lavadero, área de mantenimiento y hasta un mecánico a tiempo completo.
La propiedad principal, de estilo georgiano, abarca 1950 metros cuadrados. El terreno suma además una cancha de tenis, establos con capacidad para diez caballos, jardines extensos, una casa principal, tres casas de huéspedes y una casa de pileta. Pero el centro más llamativo de la finca es, sin dudas, su templo mecánico.
A lo largo de los años, la colección personal de Lyon llegó a incluir cerca de 100 autos, seleccionados con una mezcla de criterio estético y emocional. Algunos de los modelos que integraron esa extraordinaria selección son un Ferrari Testarossa, un Ford V8 Phaeton deLuxe de 1934, un Ford Modelo A, un Rolls-Royce de 1936, un Rolls-Royce Silver Cloud III blanco de 1963, un Chrysler Town & Country, un auto de carreras Fiat de los años 50 y un Ford Thunderbird de 1966.
Tras el fallecimiento del mayor Lyon y su esposa, la propiedad quedó en manos de su hijo, quien recientemente decidió ponerla a la venta. Aunque no se ha informado el destino actual de los vehículos, el garaje permanece como fue concebido: una verdadera carta de amor a los grandes autos de colección.
Más allá del lujo y la escala de la propiedad, Lyon Estate destaca por lo que representa: la fusión entre una vida de éxitos y una pasión intacta por los autos, esos íconos de diseño y potencia que marcaron generaciones. En una era donde la movilidad se redefine, este museo privado funciona como una cápsula del tiempo que celebra al auto como símbolo cultural, emocional y estético. Quien adquiera la propiedad no solo accederá a una de las residencias más exclusivas de Estados Unidos, sino también a un espacio donde el auto aún es protagonista absoluto.