El 25 de noviembre de 2025 quedará grabado en la memoria judicial de San Juan como otro episodio que huele a mala praxis. En ese día, el Ministerio Público Fiscal cerró su alegato y, sin anestesia, pidió 3 años y 6 meses de prisión efectiva para la obstetra Daniela Saldivar, acusada de provocar la muerte durante un parto. Además, exigió su inhabilitación profesional por 10 años. Y para poner el broche macabro, reclamó su detención preventiva apenas se conozca la sentencia.
¿Qué pasó realmente en ese parto?
El fiscal Francisco Micheltorena, de la UFI de Delitos Especiales, no es un precisador de medias tintas: dijo que Saldivar entró en la sala tras ¡17 horas de inducción! con una madre exhausta, un parto detenido, y sin que la dilatación avanzara apenas un centímetro en casi cuatro horas. Lo peor: el bebé no descendía desde hacía más de cinco horas. ¿Qué hizo la obstetra? Absolutamente nada. Eso, según la fiscalía, generó una asfixia sostenida que terminó con un recién nacido expulsado sin vida.
Los peritos coincidieron en que una cesárea urgente era la única salida —pero la inacción primó. Y para colmo, la médica ni siquiera cumplió con el monitoreo fetal obligatorio: registró latidos supuestamente normales, aunque las pruebas apuntaban a una falla sostenida.
Especialistas consultados no tuvieron medias tintas:
- La forense María Beatriz Vázquez confirmó asfixia prolongada de al menos 20 a 40 minutos, y denunció que la historia clínica mencionaba una maniobra Kristeller —prohibida por la OMS.
- La tocoginecóloga Carla Sotimano y el obstetra Gustavo Paredes coincidieron en que la dilatación retardada y la detención del descenso eran señales inequívocas de que correspondía una cesárea sin demora.
Para la fiscalía, lo que hubo fue negligencia pura, un “parto de terror” —tal como lo definió una enfermera testigo en el juicio.
Defensa: ¿descanso técnico o cinismo profesional?
Del otro lado, la defensa —a cargo del abogado Joaquín Moine— clamó que el parto se desarrolló dentro de “parámetros clínicos aceptables” y que el desenlace fatal no podía preverse. Pero sus testigos —dos médicas más — quedaron bajo la lupa cuando la fiscalía pidió que se las investigue por falso testimonio. Así, la credibilidad de su versión quedó hecha trizas.
Justicia a la vista, pero con sabor amargo
Con las audiencias ya cerradas, el juez Caballero debe emitir el veredicto el próximo miércoles a las 19. ¿Será una condena ejemplar? O será otro caso más de mala praxis donde la guadaña de la justicia llega tarde, pero igual decide castigar. Mientras tanto, los nombres y los rostros —especialmente el de un bebé sin vida y una madre destrozada— no se borren con papel de expediente.

