En la política argentina hay noticias que parecen chiquitas, insignificantes… como un tornillito que se cae del avión en pleno vuelo. Técnicamente es un detalle. Hasta que te das cuenta de que el ala empieza a vibrar. Eso pasó con los tres senadores que abandonaron el bloque kirchnerista. A simple vista, parece apenas otro capítulo del eterno reality parlamentario llamado “Te voto si me das algo”. Pero en realidad es algo mucho más incómodo: es el ruido del GPS del poder diciendo “recalculando ruta”.
Porque durante décadas, el kirchnerismo tuvo una fórmula infalible:
Conurbano bonaerense + norte dependiente del Estado = Senado asegurado, jueces propios y veto garantizado. Era un matrimonio político perfecto: uno ponía votos, el otro ponía necesidades, y entre ambos ponían la lapicera. Pero ahora ese matrimonio empezó a parecerse más a una pareja que sigue junta solo por el crédito hipotecario. Hoy el bloque quedó con su número más bajo desde el regreso de la democracia. Ahora está a un senador de perder la llave del “no pasa nada sin mi permiso”. Y en el kirchnerismo perder poder es más traumático que perder elecciones.
La explicación rápida dice: “son negociaciones, plata por votos, obras por apoyo”.
Claro que hay de eso. En el Congreso, el amor es siempre presupuestario. Pero esta vez hay algo más profundo: las provincias del norte empezaron a mirar el futuro con otra lógica. Ya no tanto el Estado como gran empleador universal, sino la economía real, esa cosa incómoda que requiere inversión, producción y riesgo. Catamarca quiere mas minería, Salta apuesta a agroindustria y litio, Tucumán necesita competitividad para su industria. En otras palabras, están descubriendo algo peligrosísimo para el ADN del viejo modelo… que la riqueza no nace en el Boletín Oficial.
Mientras algunas provincias intentan generar empleo privado, otras siguen con la vieja receta, más Estado, más gasto, más dependencia… como quien sigue usando el VHS porque “siempre funcionó”. Y ahí está la grieta real: no ideológica, sino económica.
Un modelo que vive del Estado, otro que intenta vivir sin que el Estado lo asfixie, y por eso, la ruptura del bloque no es un simple movimiento parlamentario. Es una señal geológica, el mapa del poder que sostuvo al kirchnerismo, al radicalismo, y acá en San Juan al Partido Bloquista durante años, pareciera que se está moviendo como placas tectónicas, está cambiando.
El viejo esquema del “norte argentino alineado por la necesidad y la pobreza» ya no es tan automático, hoy algunos gobernadores parecen estar diciendo, «Gracias por todo pero la cosa hoy viene por otro lado…», más por conveniencia que por convencimiento. Y esa frase, en términos kirchneristas, suena más fuerte que una derrota electoral. Cuando un proyecto político pierde su geografía… lo que empieza a perder, en realidad, es su gravedad, su peso, y sin gravedad hasta el poder más pesado termina flotando.

