La Policía llegó por una denuncia de violencia de género, pero el sospechoso no estaba. En su lugar, encontraron un jardín que, más que regarse con agua, parecía regarse con “buena vibra”.
Lo que prometía ser un procedimiento policial de rutina por un grave caso de violencia de género terminó convirtiéndose, literalmente, en una excursión botánica con perfume sospechosamente… relajante.
Todo ocurrió en el barrio Las Pampas, donde los efectivos llegaron con la idea de encontrar al presunto agresor. Pero el hombre, fiel a la tradición nacional del “yo no estaba”, brillaba por su ausencia.
Sin embargo, lo que no pasó desapercibido fue el aire del lugar: un aroma tan intenso que no hacía falta ser sabueso, perito ni sommelier para identificarlo. Era ese perfume inconfundible que no figura en las florerías, pero sí en el Código Penal.
Al inspeccionar el fondo del domicilio, la escena fue reveladora: cinco plantas de marihuana, altas, robustas y saludables, algunas rozando el metro ochenta. Un verdadero orgullo para cualquier jardinero… salvo por el pequeño detalle de su ilegalidad.
De inmediato intervino la División Drogas Ilegales, que procedió al secuestro de las plantas y al inicio del procedimiento judicial correspondiente. En el operativo también colaboraron otras dependencias policiales, confirmando que, esta vez, el “trabajo en equipo” fue para desarmar un vivero clandestino más que para atrapar al sospechoso original.
Así, el allanamiento terminó con un resultado inesperado: el violento sigue sin aparecer, pero el jardín ya no florecerá.
Porque en este caso, la Policía fue por un problema… y terminó cosechando otro.

