MADRID.– Mikel Garikoitz Aspiazu, alias “Txeroki”, se acomoda la capucha y maniobra con su paraguas negro antes de salir de la cárcel de Martutene, en las afueras de San Sebastián. Txeroki, uno de los últimos jefes del grupo terrorista vasco ETA, había sido condenado a más de 400 años de prisión en España, pero el pasado lunes caminó por primera vez en libertad, 17 años después de su sentencia.
Salió de prisión escoltado por otros exmiembros de la organización bajo un cielo gris y una lluvia fina. Una escena digna de la serie Patria, una escena de otros tiempos.
Como ya ocurrió con otros etarras condenados por terrorismo, Txeroki accedió la semana pasada a un régimen de salidas transitorias a través de un atajo legal que expone directamente al Partido Socialista (PSOE) y a sus aliados de Bildu, la formación política integrada por exmiembros de la agrupación vasca. El exjefe de ETA, condenado por tentativa de 20 homicidios, intentó obtener las salidas transitorias por vía judicial, pero, ante la demora en los tribunales, apeló a famoso artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, que habilitó esos beneficios con el aval de una funcionaria del Partido Socialista de esa región.
De lunes a viernes, Txeroki sale de prisión a las 8 y regresa a las 21. Informó a las autoridades que trabaja por la mañana y que hace un voluntariado en una ONG por la tarde, pero no se conocen más detalles sobre sus actividades. Las víctimas de sus intentos de asesinato, sus familiares y cualquier turista que pasee por San Sebastián podrá cruzarse con uno de los más sanguinarios jefes de ETA. Txeroki nunca pidió perdón y, durante su juicio, se reía durante los testimonios de las víctimas.
“La libertad de Txeroki es una burla para nosotros”, asegura Inés Gaviria, representante del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (Covite). “No nos oponemos a que los etarras salgan de la cárcel, nos oponemos a que no cumplan sus condenas. El problema es que ya son más de 100 terroristas que han recibido estos beneficios. Es un jefe terrorista bajo cuyo mando murió mucha gente. Es un sanguinario que no está arrepentido”, explica Gaviria en una conversación telefónica con LA NACION.
El proceso de su libertad está todavía bajo revisión, ya que necesita la aprobación de un juez para mantener estos beneficios. La fiscalía ya interpuso un recurso para rechazar el nuevo régimen de Txeroki y se espera que el juez se expida en los próximos días, aunque los familiares son pesimistas. Su caso es el último de una larga lista de etarras que se beneficiaron de este atajo legal en los últimos años, indicaron.
Txeroki fue jefe militar de ETA desde 2004 hasta su detención en 2008. La organización anunció su cese de actividades armadas en 2011 y formalizó finalmente su disolución en 2018. “Toda la estructura social y política de ETA sigue activa. Bildu, que hace lobby para estas excarcelaciones, es un aliado del gobierno. (Arnaldo) Otegui (líder de Bildu y exintegrante de ETA) ha reconocido que una de las razones por el apoyo al socialismo es el beneficio que han obtenido sobre el sistema penitenciario”, explica Gaviria.
Bildu es una coalición de partidos independentistas vascos de izquierda que se creó en 2011 y que está integrado por Sortu, una agrupación considerada como heredera de la izquierda abertzale que justificó el accionar de ETA como herramienta política. Bildu, que tiene seis diputados en el Congreso español, ahora rechaza el uso de la violencia para sus políticas independentistas. Su representación en el parlamento vasco es mucho mayor: es la primera minoría.
La medida causó la reacción inmediata de la oposición. “Bildu ordenó, el PSOE ejecutó y el PNV acató”, escribió Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular (PP), en su cuenta de X. “Así es como Txeroki, condenado a 400 años de cárcel, sale de prisión. Por obra y gracia de una consejera socialista que regala libertad a quien se la arrebató a sus compañeros”, atacó el líder opositor, en referencia a la consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José.
Los partidos políticos del País Vasco son clave para Pedro Sánchez, que requiere sus votos para ordenar los números del Congreso. El presidente español cedió en 2021 las competencias penitenciarias al gobierno vasco, a cargo del Partido Nacional Vasco (PNV), lo que posibilitó la utilización de este atajo que adelantó la libertad condicional de decenas de condenados por actos terroristas.
La detención de Txeroki ocurrió después de haberse frustrado la negociación entre ETA y el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para que la agrupación vasca se disuelva definitivamente. El terrorista fue atrapado en noviembre de 2008 en Cauterets, una localidad de los Pirineos franceses. Txeroki había sido fotografiado por los servicios de inteligencia mientras intercambiaba material con otros integrantes de ETA que estaban bajo vigilancia. En ese momento nadie lo reconoció porque había cambiado su apariencia y las únicas fotos suyas disponibles eran antiguas, pero finalmente las autoridades lo reconocieron por la aplicación de herramientas tecnológicas y lo detuvieron.
Txeroki era el jefe militar de ETA cuando la organización puso una bomba en el estacionamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, que causó la muerte de dos ecuatorianos en diciembre de 2006. Ese atentado decretó el final de las conversaciones con el gobierno socialista.
Txoroki fue condenado en España y Francia por 20 crímenes terroristas en grado de tentativa. Se le atribuyó el intento de asesinato del alcalde de Portugalete en febrero de 2002, un atentado con coche bomba en Castellón en agosto de 2007 y el envío de un paquete bomba a la periodista María Luisa Guerrero, jefa del canal Antena 3 en el País Vasco, entre otros hechos.

