Teherán advirtió que responderá con dureza. 1. Ataques quirúrgicos, bajas civiles mínimas y una transición a la democracia EE.UU. podría lanzar bombardeos de precisión contra bases militares y nucleares iraníes, con daños acotados y sin una invasión. Es el escenario más controlado, aunque no garantiza cambios políticos duraderos. 2. El régimen sobrevive pero modera sus políticas Irán resiste el ataque y mantiene el poder, pero se ve obligado a moderar su programa nuclear, reducir el apoyo a milicias regionales y bajar el nivel de confrontación internacional. 3. El régimen colapsa y es reemplazado por un gobierno militar Un golpe fuerte podría debilitar al liderazgo político y abrir paso a un gobierno dominado por la Guardia Revolucionaria, con un perfil más militarizado y represivo. 4. Irán toma represalias atacando a las fuerzas estadounidenses y vecinos Irán respondería con misiles y drones contra bases estadounidenses y países aliados en el Golfo, como Bahréin, Qatar o Jordania, elevando el riesgo de una guerra regional. 5. Amenaza al comercio global Teherán podría minar el estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del petróleo y gas mundial, lo que impactaría de inmediato en los precios de la energía. 6. Ataque a buques de guerra Una ofensiva asimétrica contra barcos estadounidenses —con drones y lanchas rápidas— podría provocar bajas y una fuerte escalada militar, aunque es un escenario de menor probabilidad. 7. El régimen colapsa y es reemplazado por el caos El peor desenlace: caída del régimen sin reemplazo claro, conflictos internos, tensiones étnicas y una crisis humanitaria en un país de más de 90 millones de habitantes.
Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita intensificaron contactos para analizar una posible ofensiva contra Irán
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