Imaginate a los policías, que ya venían lidiando con los gritos y los insultos del barrio, de repente viendo venir a un «Firulais» con más gimnasio que todos ellos juntos y con cara de que no quería caricias, sino un pedazo de uniforme.
Al final, la cosa se puso tan tensa que tuvieron que pedir refuerzos, no sabemos si de la Federal o de «El Encantador de Perros». Lo cierto es que el joven terminó preso y la familia ahora tiene un nuevo ítem en el currículum: «Ataque con mascota táctica».
¡Si esto sigue así, la próxima detención va a incluir un canario que te pica los ojos o un gato ninja! ¡Un saludo para el pobre Pitbull, que seguro era el único que no entendía por qué lo metían en semejante quilombo!

