PARÍS.- Según los sondeos, Jordan Bardella obtendría entre 35 y 36% de los votos en la primera vuelta de las próximas presidenciales francesas de 2027. Exactamente lo mismo que su jefa, Marine Le Pen. Una simpatía que no es compartida dentro de su mismo partido, la Reunión Nacional (RN), donde el apoyo al delfín de la tres veces candidata no es para nada unánime.
Con una candidatura a las presidenciales de 2027 comprometida por su condena a cuatro años de prisión, dos de ellos firmes, e inelegibilidad por cinco años, la presidenta de los diputados de RN en la Asamblea francesa podría aceptar que su delfín se lance en la carrera. Aunque, hasta hoy, siempre cerró la puerta a esa posibilidad.
“Bardella es un ‘activo’ formidable para el movimiento. Pero espero que no debamos recurrir a ese ‘activo’ antes de los necesario”, dijo la noche del lunes Le Pen, en su primera entrevista televisada inmediatamente después de ser condenada. En otras palabras: por el momento, olvídense de Jordan, que seguirá siendo mi segundón. Un mensaje que no solo estuvo dirigido a los franceses, sino que tuvo el mérito (¿perverso?) de dejar al delfín de 29 años en una suerte de limbo político, del cual no podrá salir al menos hasta la conclusión del proceso de apelación que la Justicia, teniendo en cuenta el calendario electoral, aceptó adelantar para el verano de 2026.
“Si Le Pen perdiera esa segunda instancia, Bardella, sin ninguna experiencia, sería propulsado a una campaña política vertiginosa de la cual nadie, tanto dentro como fuera de su partido, cree que saldrá triunfante”, analizó el editorialista Yves Thréard.
Y el tiempo apremia. Pues, si bien Le Pen decidió apelar, nada indica que los jueces vayan a ser más clementes en segunda instancia. Por otro lado, la decisión del tribunal podría extenderse al otoño boreal de 2026. O sea, justo en el momento en que los candidatos salen a obtener las 500 firmas necesarias para presentarse a la presidencial.
Muchos son, en consecuencia, aquellos que ven la carrera de Le Pen al palacio del Elíseo ampliamente comprometida. Y, en ese caso, nadie duda que la alternativa podría ser Bardella.
Pero Bardella hará lo que le diga su jefa. “Mi fidelidad a Marine es total. Yo siempre hice lo que ella me pidió. También sabe que le estaré eternamente agradecido por la oportunidad que me dio”, repite una y otra vez el presidente del RN.
El joven diputado europeo, de meteórica carrera gracias a su “madrina” que lo puso en órbita, forma parte de las personalidades políticas preferidas de los franceses. Tanto, que los resultados de los últimos sondeos, que lo ponen a la par de Le Pen, provocan un legítimo interrogante: ¿para qué sirvieron entonces los 30 años de militancia política de la líder de la extrema derecha?
El problema es que el perfil de Bardella es juzgado “totalmente inexperimentado”, incluso dentro de su partido. Una y otra vez, el joven frentista “tropezó” durante la campaña para las últimas legislativas francesas que, según sus sueños, lo debían llevar a Matignon, la sede del primer ministro.
Su superficialidad es juzgada tan preocupante, que algunos medios -como el semanario Marianne– lo han apodado “¿Hay alguien?”. Y esta vez, después que Bardella y su partido lanzaron el ataque masivo contra la Justicia francesa, ninguno de ellos dejó de desempolvar sus declaraciones -así como las de Le Pen-, en las que estimaban que “no tener antecedentes judiciales y mucho menos condenas” era “un elemento indispensable para pretender ejercer un cargo electivo”. Ambos fueron incluso más lejos al exigir la “inhabilitación” para todas aquellas figuras políticas que fueran acusadas de desvío de fondos públicos.
Una de las “perlas” que los franceses pudieron recordar este martes fue una entrevista de Bardella realizada el año pasado por la periodista Apolilline de Malherbe en televisión.
-Usted parece no ocuparse mucho de su puesto de diputado europeo.
-¿Ah sí?
-Me pregunto en realidad qué hace: ¿llega, enciende la compu, se hace un cafecito? La verdad es que no hay rastros. Si le digo esto es porque, en cinco años, presentó apenas 21 enmiendas…
-(silencio) Así es.
-Mientras que Manon Aubry (La Francia Insumisa) presentó 3460 y François-Xavier Bellamy (Los Republicanos), 1200.
Segundo ejemplo. Durante la campaña para las legislativas, cuando el partido lepenista reclamaba dos agentes de seguridad en cada estación ferroviaria de la región parisina para garantizar la seguridad.
-¿Cuántas estaciones ferroviarias hay en la región parisina?-, le preguntó el periodista.
-(Prolongado silencio) Estamos calculando la medida… Debe haber poco más de 300, creo-, respondió el entonces vicepresidente del RN.
En realidad eran más de 800, lo que modificaba en forma consistente el presupuesto.
“Improvisado, superficial y totalmente carente de curiosidad”, lo definen quienes lo conocen. No es para nada seguro que el 35% de los franceses que dicen tener la intención de votarlo en la primera vuelta vayan a renovar su apoyo en el balotaje. E incluso en ese caso, una cosa es encabezar esa primera fase y otra muy distinta es obtener el 50% de las boletas en la segunda, como bien lo experimentó el partido de extrema derecha a lo largo de su historia, en la que nunca consiguió llegar al poder supremo.
“En todo caso, la sola idea de entregarle a Bardella el control de la bomba atómica francesa bastará para provocar escalofríos a más de uno”, asegura un analista político francés.
Por el momento, el partido decidió lanzarse al terreno del ataque en vez de ocuparse de una nueva figura que podría remplazar a Le Pen en la carrera al Elíseo. Para eso, Marine puso a sus huestes en orden y comenzó el embate acusando “al sistema” de haber “desempolvado su bomba nuclear”, y prometiendo “no dejarse vencer”.
Pero no es seguro que esa estrategia vaya a tener éxito. Según los sondeos realizados en las últimas horas, 49% de los franceses se declaran “satisfechos” con la sentencia y la actuación de los jueces. Muchos se sublevan contra “una inversión escandalosa de valores” por parte del RN. Como el diputado del partido “Renacimiento”, Pieyre-Alexandre Anglade, para quien “Le Pen debería más bien pedir perdón al pueblo francés por haber desviado el dinero público en su favor”.