El Gobierno provincial anda con la calculadora en una mano, tratando de decidir si les descuenta el sueldo a los docentes que se sumen al paro nacional convocado por la Confederación General del Trabajo. Mientras tanto, en las escuelas, la tensión ya se puede cortar con una regla T. Todo esto se dijo nada menos que durante el acto por el natalicio de Domingo Faustino Sarmiento, que desde algún retrato histórico parece estar pensando: “Yo fundé escuelas, no ring de boxeo salarial”. La ministra de Educación, Silvia Fuentes, dejó el suspenso, no confirmó descuentos, pero tampoco los descartó. Es decir el hacha está afilada, pero todavía no saben si van a cortar el asado o el sueldo. Según explicó, el tema deberá charlarse con Hacienda, ese ministerio donde las palabras “aumento” y “milagro” suelen ser sinónimos. Mientras tanto, el Gobierno asegura que sigue dialogando con los gremios docentes. Eso significa: “Nos reunimos, hablamos mucho, tomamos café, nos contamos como nos fue en las vacaciones, quien se divorció o quien armó pareja, pero lo seguro es que nadie se va feliz”. La clave, dicen, depende del área económica, que es básicamente el lugar donde las ilusiones salariales entran, y salen convertidas en calculos de sueldos para docentes, policias, salud, y administración central, y a veces para todos no da. Por su parte, algunos sindicatos ya amenazan con no arrancar el ciclo lectivo. Es decir: los chicos todavía no saben si van a tener clases, pero seguro van a tener excusas perfectas.
A nivel nacional, la CGT lanzó un paro de 24 horas justo cuando Diputados trate la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Será una huelga sin movilización, una especie de protesta “modo silencioso”: nadie marcha, pero tampoco trabaja. Un paro versión «marcha del silencio» por la muerte del salario en general. Es la cuarta huelga general desde que arrancó la gestión nacional, lo que en términos sindicales equivale a decir: ya entraron en ritmo de temporada alta huelgas y paros. En San Juan, mientras tanto, todos miran el calendario escolar como quien mira el pronóstico del tiempo: nadie sabe si el lunes habrá sol, lluvia… o directamente paro.

