Resulta que la ANSES va a largar un refuerzo extraordinario para la Ayuda Escolar, con un piso de $85.000 por hijo, una cifra que hoy alcanza para comprar… medio cuaderno, dos marcadores y un suspiro.
La medida, oficializada por decreto, busca evitar que los padres sufran el clásico shock de marzo: ese momento en que entrás a la librería y salís hipotecando hasta la herencia del perro.
El refuerzo será un pago único que completará lo que falte hasta llegar a los 85 mil. O sea: si cobrás menos, te ponen la diferencia; si ya cobrás ese monto, te miran con cara de “usted ya está bastante mimado”.
Aplica para chicos de 4 a 17 años que estén escolarizados y demuestren que, al menos, pisan el aula más seguido que el kiosco.
Para hijos con discapacidad no hay límite de edad ni tope de ingresos, porque ahí el Estado decidió ponerse serio y no hacer cuentas con la calculadora del ajuste.
Si la familia gana más de los límites establecidos, queda afuera. Traducido al castellano: si el Estado considera que ya sos “rico”, que te financie la mochila el Banco Mundial.
Se deposita automáticamente en marzo, junto con la ayuda escolar habitual. O sea: aparece justo cuando estás en pleno colapso financiero post-uniforme, post-útiles y post-cuota del colegio.
El trámite incluye el clásico ritual argentino:
- Entrar a Mi ANSES.
- Generar el certificado escolar.
- Imprimirlo.
- Correr detrás de la escuela para que lo firmen.
- Sacarle foto sin que salga movida.
- Subirlo rezando que el sistema no diga: “Error inesperado”.
“Sabemos que mandar a los chicos al colegio cuesta una fortuna… así que acá tienen un refuerzo que alcanza para sobrevivir… hasta que vean el precio de los guardapolvos.”

