El Gobierno arrancó la semana sintiéndose el lobo de Wall Street porque el dólar estaba mansito y los mercados les tiraban pétalos de rosa. Pero, como no pueden con su genio y les encanta vivir al límite, decidieron que el optimismo era aburrido y activaron una «bomba racimo» legislativa justo antes de irse a dormir.
Resulta que en la letra chica del Presupuesto mandaron un regalito: querían borrar de un plumazo el financiamiento para universidades y discapacidad. ¡Sorpresa! Fue como intentar pasar un elefante por el ojo de una aguja mientras le prendés fuego al elefante.
Los «highlights» del papelonazo:
- El Efecto Traición: Patricia Bullrich y Diego Santilli avisaron: «Che, miren que esto va a caer como una patada en el hígado». Pero en el «Triángulo de Hierro» de la Casa Rosada dijeron: «¿Consejos? No, gracias, nosotros preferimos el caos artesanal».
- Matemáticas de Jardín de Infantes: El oficialismo pensó que, como ganaron en octubre, los gobernadores les iban a mandar a los diputados en fila y con moño. Spoiler: No pasó. Los legisladores vieron que tenían que votar contra los discapacitados y dijeron: «Uf, mejor me tomo un cafecito y voto en contra, que todavía quiero que me saluden en el súper».
- El «Momento Confusión»: El diputado Lisandro Almirón se puso a leer emocionado una lista de obras públicas que se iban a hacer… ¡pero estaba leyendo el proyecto de la oposición! Fue el equivalente político de dedicarle un gol al equipo contrario.
- Madrugada de Película: A las 3 de la mañana, entre gallos y medianoche, apareció un «acuerdo fantasma» para nombrar auditores. Cristian Ritondo (PRO) sintió un puñal en la espalda tan grande que casi se convierte en sushi.
Conclusión: El Gobierno logró aprobar el Presupuesto, pero le sacaron el capítulo que más querían. Fue como pedir una hamburguesa completa y que te traigan solo el pan con un papelito que dice «equilibrio fiscal».
Milei está tan enojado que amenazó con vetar su propio presupuesto (sí, el que él mismo mandó). Al final, todo parece un déjà vu: mucha mística libertaria, pero en el Congreso siguen pareciendo excursionistas perdidos en el Amazonas sin GPS y con el mapa al revés.

