En San Juan, la crisis del PAMI ya no es teoría de sobremesa: está empujando a las farmacias al borde del abismo. Lo que empezó como una demora en los pagos —ese clásico menú argentino de “mañana lo cerramos”— se transformó en una bomba de tiempo que amenaza con dejar sin remedios a quienes más dependen de ellos: los jubilados y pensionados.
Según el Colegio Farmacéutico local, la logística de pagos que hasta hace poco funcionaba con cierta previsibilidad —pagos a los 12, 15 o 40 días— se convirtió en una ruleta rusa financiera donde los plazos ahora se estiran hasta 60 días sin explicación convincente de por qué.
Esa demora no es un dato menor: el PAMI es el cliente más importante de las farmacias y cuando deja de pagar a tiempo, las farmacias no pueden reponer sus stocks porque las droguerías no les extienden crédito. El resultado es tan brutal como predecible: menos medicamentos en góndola y más abuelos dando vueltas como en un laberinto burocrático sin salida.
Mientras tanto, la inflación sigue picando arriba, y cada día que pasa sin cobro es un día en que las farmacias tienen que pagar precios más altos por los medicamentos que todavía no pueden vender. Un desastre para cualquier empresa; una tragedia para quien necesita un remedio para seguir viviendo.
Desde la dirigencia farmacéutica insisten en que esto no es un capricho ni una “situación pasajera”: es un problema estructural que puede derivar en la imposibilidad concreta de entregar medicamentos si no llegaran a normalizarse los pagos a la brevedad.
Y mientras tanto, los jubilados —que aportaron décadas al sistema— se quedan con la incertidumbre de si sus pastillas llegarán o si el Estado, otra vez, decidió postergar salud por problemas de caja.

