¡Esto ya parece una comedia de enredos legislativos, y ni siquiera estamos en época de elecciones! La sesión del 30 de diciembre estuvo más cargada de drama que un reality show de «familias disfuncionales». ¿El tema central? El quórum, esa palabra que no solo les da dolores de cabeza a los legisladores, sino que parece ser el verdadero protagonista de la obra. ¡Y ni hablar del guion!
Empezó todo con Mario Herrero, que ni corto ni perezoso, alzó la voz como si hubiera descubierto un complot intergaláctico. ¡El quórum! Explotó la bomba: según él, no había suficiente gente en el recinto. O sea, si uno de los diputados se va, ya nos faltan tres o cuatro para hacer quórum, ¿y qué? ¿Van a votar sin gente? ¿Es esto una elección o un juego de mesa?
Los justicialistas, como siempre, salieron a defender su “honor” y su constitucionalidad. ¡Pero claro! Se retiran sin permiso, y después son los primeros en gritar “¡inconstitucional!” cuando no pueden formar la banda de la izquierda. ¡Vaya humor el de los chicos del PJ! En el momento más clave de la sesión, deciden que el quórum es un tema de moda, y como si fuera un truco de magia, salen del recinto sin permiso. Como el primo que se escapa de la fiesta, pero luego te exige que lo pongas en las fotos.
Y la cereza del pastel la puso Fernanda Paredes. Alzó la voz y le dijo al bloque opositor que sancionar leyes con un “quórum incorrecto” era un desastre. O sea, ¡¿qué te pasa?! ¿Pensás que lo que hicimos aquí es como preparar un pastel sin seguir la receta? La próxima vez, a ver si traen la lista de invitados con nombre y apellido, que esto no es una fiesta en casa, ¡es una sesión legislativa!
Pero el colmo llegó con Juan de la Cruz Córdoba, que en vez de discutir los puntos, salió con la tirada de “el respeto hay que darlo para pedirlo”. ¡Una joyita! Claro, porque nada dice “respeto” como irse sin pedir permiso y luego salir a hacer la guerra de los quórum. Un respeto de manual, como esos que dan los jefes de trabajo mientras te gritan frente a todos por una tontería.
Y para ponerle la guinda al pastel, Leopoldo Soler se mandó un “discurso constitucional” que fue tan serio y tan serio, que parecía un noticiero de la medianoche anunciando el fin del mundo. “¡Inconstitucionalidad!”, gritó, mientras todos los demás se miraban como si hubieran acabado de ver un documental de Marte. Soler no tenía miedo a nada, ni siquiera al ridículo. ¡Nos estábamos jugando la vida de la provincia, según él! Para Soler, el quórum es como el anillo de poder de El Señor de los Anillos: ¡sin él, todo se viene abajo!
Y cuando pensábamos que ya había terminado el show, Alejandra Leonardo levantó la mano y soltó su propio monólogo, más épico que un capítulo de “Game of Thrones”. Acusó a los justicialistas de haberse ido sin permiso y después venir a reclamar como si nada. O sea, chicos, si te vas antes de que empiece el show, no reclames que la película no te gustó. ¡Llega tarde y te jodes!
Por último, Fabián Martín, el presidente, con la tranquilidad de un árbitro que acaba de ver una pelea en el campo, soltó que la sesión fue “válida” porque, bueno, ¿quién decide si el quórum está bien o mal? ¡El Juez! Pero por ahora, todo está aprobado. Lo que pasa en la Cámara, queda en la Cámara… hasta que algún juez se meta a revisar los papeles.
En resumen, esto no fue una sesión legislativa, sino un episodio de «Cámara de los horrores» del Congreso. Nadie entendió muy bien qué pasó, pero todos están seguros de que se armó un quilombo monumental. Y si esto llega a la Justicia, prepárense para la secuela: ¡más juicios, más gritos y más drama!