El director del Penal de Chimbas fue contundente respecto a la banda narco que operaba desde el interior del penal. Dijeron que ya tienen nombres, pruebas y detenidos, y no van a tolerar más corrupción ni pasividad.
Desde la Justicia Federal se comprobó que esa red metía drogas y armas dentro del penal, y vendía estupefacientes entre los presos. No son rumores ni exageraciones: hubo escuchas telefónicas, seguimiento financiero, vigilancia. Todo documentado.
Ya hay once detenidos —cuatro mujeres, siete hombres—, acusados de narcotráfico doblemente agravado: por la organización y por operar dentro de una cárcel. Uno de ellos fue excarcelado solo por estar con un embarazo de alto riesgo.
No se trata solo de droga: encontraron armas, proyectiles, dinero en efectivo, teléfonos celulares, balanzas de precisión, y hasta bienes de lujo.
El sistema de requisas funcionaba, dicen… pero claramente no lo suficiente. Y va a requerir poner mano dura, revisar al personal implicado, sancionar, derribar privilegios, cortar cadenas de complicidad. Aquí no hay lugar para la gente débil ni para los cómplices silenciosos.

