Si 2025 fuera una materia, la mayoría de nuestros diputados claramente reprobó por ausencia injustificada. Porque, aunque parezca increíble, solo uno de cada cuatro legisladores fue al recinto más veces que a un cumpleaños familiar. Y claro, el salario lo siguieron cobrando igual
Fue uno de esos años intensos en la política —como cuando intentás armar un mueble sin instrucciones— con trece declaraciones, tres sesiones informativas y una de homenaje… y sin embargo el presentismo fue tan bajo que el “permiso laboral” pareció el estilo de vida oficial para más de siete de cada diez diputados.
¿Quién se destacó por su compromiso con la siesta legislativa? El chaqueño Gerardo Cipolini, con 82 años y más licencias que asistencias: faltó el 78% de las sesiones (¡y encima protagonizó un escándalo sexista para coronar el año!).
Otros también brillaron por sus ausencias: José Gómez, con un historial de excusas digno de novela, y Manuel Aguirre —que al menos se despidió del mandato con estilo… ausente.
En el bloque de Innovación Federal, ni uno solo alcanzó el nivel olímpico de asistir siempre, aunque sí perfeccionaron la técnica del “ausentismo estratégico”.
¿La oposición? No se salva: en La Libertad Avanza, el 62 % de sus diputados también pegó faltazos como si fuera un hobby.

