En un giro digno de una comedia policial con presupuesto municipal, la Policía de San Juan cayó con todo el peso de la ley —y probablemente con mate y bizcochitos— sobre una “guarida VIP” de autos robados que funcionaba, nada menos, que en un coqueto country de Santa Lucía.
Sí, leyó bien: mientras algunos vecinos cortaban el pasto en ojotas y discutían en el grupo de WhatsApp por el volumen del reguetón, otros estaban armando un shopping clandestino de autopartes.
El operativo terminó con el rescate heroico de dos Fiat Duna blancos —vehículos que, según los especialistas, ya nacen con cara de haber sido robados al menos una vez en su vida—. Uno de ellos estaba siendo desarmado con tanta dedicación que parecía más un curso intensivo de mecánica que un delito.
La investigación se apoyó en cámaras de seguridad, tecnología estatal y, sobre todo, en el recurso más poderoso del país: el vecino que mira todo por la ventana. Gracias a ese sistema de vigilancia nacional no declarado, los policías lograron reconstruir el recorrido de los sospechosos, que aparentemente creían que esconder autos robados en un country era tan discreto como estacionar un elefante en un balcón.
Así cayó la guarida: no por un plan maestro criminal… sino por la combinación letal de cámaras, chusmerío organizado y dos Dunas que ya estaban pidiendo jubilación anticipada. 🚓😄

