Resulta que Milei anda rogando que Macri baje de la reposera y vuelva a la política. Sí, el mismo Mauricio que ya tiene más sellos en el pasaporte que la FIFA y que cuando habla, no se le entiende un carajo.
El drama: los votantes PRO están más apáticos que perro en verano. No fueron a votar, ni siquiera a mear en la boleta. La Casa Rosada se asustó y dejó la “pureza violeta” de Karina y Lule, para volver al pragmatismo: en otras palabras, llamar al abuelo Macri a ver si todavía se acuerda cómo se juega a la política.
Patricia Bullrich, como siempre, hace de tía hinchapelotas en Navidad: “Chicos, ¡hagan la alianza! ¿No ven que la familia se desarma?”. Mientras tanto, Milei sueña con la “caballería amarilla” que venga a salvarlo, pero Macri ni siquiera se digna a mandar un WhatsApp.
La trama incluye momentos de antología:
Karina Milei recibió a Macri en Olivos, lo dejó hablar, lo ignoró, y lo despidió con cara de “andá a ver si la vaca está atada”.
Macri se fue mascullando que le dieron menos bola que a un casette en Spotify.
Sturzenegger, en un ataque de Alzheimer selectivo, convirtió a Macri en kirchnerista de campaña. Lo próximo será confundir a Milei con Piñón Fijo.
Jorge Macri, el primo, todavía sigue con la mano extendida desde el 25 de Mayo, esperando que Milei se la choque. Si alguien lo ve, que le avise que ya puede bajarla.
Y ahora en Balcarce 50 arman el operativo: “Mauri, vení que te damos ministerio y sanguchito de miga”. Todo para que los votantes amarillos dejen de estar en modo siesta”.
Bullrich, por su parte, prometió ir “uno por uno a buscar a los votantes”. Conociéndola, termina golpeando la puerta con un ariete y diciendo: “¿Vas a votar, sí o sí?”.
En resumen: Milei pide auxilio, Macri se hace el difícil, Bullrich corre con el matafuegos, Karina dice que sabe de politica, y va con el hermano derecho a las Torres Gemelas, y los votantes que dicen de Milei la clásica frase …»Era tan bueno…».

