Resulta que en el emocionante mundo del fútbol sanjuanino, donde los goles no siempre son lo más espectacular, apareció Franco Maurín, un prófugo de novela policial… pero con final de comedia judicial. Este muchacho no solo quedó en la mira tras un enfrentamiento digno de película de acción barata, sino que además tenía pedido de captura. Sí, pedido. Como esos “se busca” de cartel de western, pero con menos sombreros y más código penal.
Mientras su compañero Fernando Nicolás Moya se zafaba con una probation —esa especie de “te la perdonamos porque sos simpático” judicial—, Franco tuvo la mala suerte de ganarse una segunda causa. Y no cualquier causa: lesiones leves, daños, abuso de arma de fuego… un paquete completo de récord Guinness delictivo.
La fiscal Daniela Pringles ya lo tenía en la lista VIP de imputados junto a otros ilustres como Facundo Exequiel Asís y compañía. Pero Franco quería exclusividad, así que sumó su propio “episodio pendiente” y se convirtió en prófugo estrella. Hasta que la Justicia, finalmente, lo encontró. O él decidió presentarse —todo un misterio digno de Netflix—.
El desenlace fue digno de telenovela judicial: prisión preventiva… ¡pero domiciliaria! Porque claro, no podía ser cualquier prisión: Franco tiene una pareja que perdió un hijo y ahora está embarazada de riesgo. Y todos sabemos que cuidar embarazos de riesgo es un deporte de alto rendimiento, sobre todo cuando se combina con barras violentas y causas penales.
Así, mientras la jueza Flavia Allende daba el visto bueno a la domiciliaria, Franco se convirtió en el héroe trágico de la barra: imputado, prófugo y ahora en casa, cumpliendo la cuarentena judicial. Todo un ejemplo de que en San Juan, hasta los criminales pueden gozar de “home office” judicial.

