Arrancó la Black Week Mayorista, esa semana donde los carteles gritan “¡40% de descuento!” como si nos estuvieran regalando la felicidad en cuotas. En Bs. As. los consumidores declaran que después uno llega a la góndola y el 40% aparece menos que político en día de explicaciones. Autoservicios y distribuidores, desesperados por levantar ventas que vienen cayendo más que promesa electoral, lanzaron esta movida para “pasar del rojo al negro”. Hermoso. Lástima que el único negro asegurado es el del humor del consumidor cuando ve el ticket final.
La Cámara de Distribuidores dice que “toda la cadena se mueve”. ¡Claro que se mueve! Se mueve el mayorista, se mueve el minorista, se mueve el precio, se mueve el dólar… el único que no se mueve es tu sueldo, que está más quieto que urna en domingo a la noche. Igual invitan a entrar a un “mapa interactivo” para ver qué locales participan, como si fuéramos turistas buscando descuentos en la Patagonia mística. Ojalá el mapa avisara también dónde está escondido el famoso 40%, porque debe estar camuflado entre la inflación y la reposición de stock.
El plan es “reactivar el comercio”. Hermoso objetivo. El problema es que entre costos que suben, impuestos que muerden y bolsillos que están haciendo huelga silenciosa, esta semana de descuentos termina siendo como esas dietas mágicas: promete milagros, pero al final lo único que baja… es tu autoestima cuando ves cuánto gastaste “aprovechando ofertas”.
En resumen: empezó la Black Week Mayorista. Vos andá, mirá, compará precios, emocionate un poco, llorá un rato… y comprá lo justo. Que el único descuento verdaderamente garantizado sigue siendo el de tu paciencia. Y ese, amigo, sí que es del 100%.

