En el fútbol argentino hay algo más predecible que un empate 0 a 0 un lunes a la noche:
cada tanto aparece una causa judicial que confirma lo que todos saben, lo que todos comentan en voz baja y lo que nadie se anima a cambiar. Esta vez, el centro del huracán no es un árbitro comprado ni un descenso sospechoso, es mucho más profundo, es el corazón mismo del poder futbolero. Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino, los dos hombres que manejan la botonera del fútbol nacional como si fuera el tablero de un casino, fueron citados a indagatoria por una evasión monumental. Una cifra que supera los 19 mil millones de pesos. No es un monto, es una obscenidad, es una montaña tan grande que ni el relato más creativo puede esconderla bajo la alfombra.
La maniobra, según la Justicia, era simple y brutal: retener aportes, no transferirlos, hacerlos circular como si fueran propios, una jugada que en el potrero tiene nombre:
“llevarse la pelota y terminar el partido cuando vas perdiendo.” Pero en la AFA no se pierde nunca, porque la AFA no es una institución, es un ecosistema, un microclima, un feudo donde el poder no rota: se enquista. Para los «SECANUCAS» (nuevo apelativo de los felpudos), Tapia no conduce: reina, no negocia: ordena, no responde: controla. Y Toviggino no administra: ejecuta, de acuerdo a lo que dicen las ordenes que le da Massa y el gobernador de Santiago del Estero Zamora. Toviggino es el operador financiero de los negocios propios y de los otros también. en el lugar donde se pueda manejar un billete, ahí esta Toviggino. El juez les prohibió salir del país, y eso es un golpe demoledor, no para la reputación —que hace años dejó de ser una variable— sino para la rutina tanto de Tapia como del santiagueño, ahora tendrán que quedarse en el mismo territorio donde las causas judiciales crecen más rápido que el pasto de una cancha abandonada. Mientras tanto, el fútbol sigue, los partidos se juegan, los «secanucas» dirigenciales aplauden, los clubes votan obedientes, y el sistema intacto, sigue girando como una calesita oxidada.
Porque el verdadero escándalo no es la causa, el verdadero escándalo es la indiferencia dirigencial, nadie se sorprende de que haya corrupción en la AFA y en el fútbol argentino, nadie se indigna porque la cloaca es cloaca desde hace muchas décadas. Nadie exige explicaciones, porque todos están en el billete ajeno, en el negocio para salvarse. Es la normalización absoluta de lo anormal, con River, Boca, San Lorenzo, Independiente, Racing, Velez, metidos dentro de la bolsa y calladitos, la costumbre se convirtió en anestesia. En la AFA hace décadas que rige un reglamento no escrito: —»A don Julio no se le discute», «Al Chiqui no se le discute», «Al poder en la AFA no se discute. —»De la caja y la guita no se habla». —Si queres salvarte, nunca pronuncies la palabra «transparencia» . Y mientras tanto, el fútbol argentino, ese espectáculo que es pasión, identidad y alegría, se convirtió en un negocio podrido donde los únicos que nunca ganan son los que sostienen el juego, los hinchas. Porque en este campeonato paralelo no hay descensos, no hay sanciones reales y no hay finales, solo hay permanencia eterna.
En la AFA repiten como un mantra la frase de Maradona , “La pelota no se mancha.”, puede ser, pero el poder sí, y la guita de la corrupción también. Y hace rato que el fútbol argentino no huele a pasto fresco, hace décadas que la AFA huele a baño de estación de servicio roto, sin agua y en pleno enero.

