El Presupuesto 2026 de Chimbas no murió, no nació, no caminó ni gateó. Quedó en ese limbo chimbero donde las cosas no pasan porque alguien se abstuvo. El concejal giojista Luciano Cano eligió el camino zen del “ni”, se sentó en posición de loto legislativo y, con una sola abstención, dejó al Concejo Deliberante mirando el techo y al Ejecutivo brindando bajito. La escena fue simple: el Concejo quería insistir, el reglamento pedía dos tercios, y Cano dijo “paso”. El resultado quedó como veto firme, presupuesto viejo y municipio gobernado por números que unos dicen que son una maravilla, y otros un desastre. Chimbas 2026 funcionará con el Presupuesto 2025, porque en política local el futuro a veces no llega… se recicla.
La definición de Cano fue esperada como el VAR en un penal polémico. Cuando habló, confirmó la sospecha general: no iba a salvar a nadie. “No estoy a favor ni del veto ni de la modificación”, explicó, inaugurando oficialmente la doctrina del “no me gusta ninguno, vayan a cagar…”. Una postura elegante, cómoda y letal. Pero ojo, que el concejal no se quedó solo en el silencio activo: también tiró bombas. Señaló que el presupuesto original de la intendenta Daniela Rodríguez destinaba más plata al equipo de ciclismo que a la política social; los números indican lo contrario. Según Cano, esa partida rondaba los $165 millones. Plata suficiente para camisetas, bicis, banners y algún hashtag motivacional, pero no para emergencias reales. Mientras tanto, el Concejo intentaba insistir con una versión del presupuesto que había sido retocada, corregida, subrayada y reescrita como trabajo práctico grupal. Pero el reglamento fue cruel como nutricionista con Billordo, justo un viernes antes que empiece el fin de semana. Sin dos tercios, no hay insistencia, no hay épica y no hay selfie triunfal. El derrumbe final llegó cuando la concejal de La Libertad Avanza recibió la famosa “bajada de línea», levantó la mano… pero para bajarla. Con ese movimiento, el castillo de votos del oficialismo del Concejo quedó más inestable que contratado de municipalidad después de la derrota electoral.
En diciembre, igual, habían logrado el número mágico. Los concejales gramajistas —Ariel Rivero (presidente del Concejo), Noelia Tortarolo, Augusto Neyra, Ivana Cortéz y Leonela Yúdica— sumaron fuerzas con Eduardo Rodríguez (PRO) y Griselda Chávez (LLA). Siete votos, dos tercios exactos, matemática perfecta. Pero la matemática no resiste un enero largo largo…En aquella sesión, Eduardo Núñez y María Arredondo votaron en contra, y Cano se abstuvo. O sea, ya estaba avisando que iba a ser el comodín que no juega para nadie… pero define la partida. El Ejecutivo, por su parte, puso el grito en el cielo cuando vio los números. Según la intendenta, el Concejo se había auto-regalado un aumento presupuestario digno de DLC premium: de manejar el 3% del presupuesto municipal a más del 11%. En plata, unos $4.000 millones para el funcionamiento legislativo. Concejales municipales con presupuesto de capital federal. Desde la intendencia advirtieron que ese festival de fondos obligaba a recortar salarios, servicios y funcionamiento real del municipio. Además, denunciaron la creación de cargos y estructuras administrativas que parecían un Estado paralelo, pero con menos votos y más escritorios. Desde hoy el veto quedó firme, el Concejo quedó caliente, el presupuesto volvió al pasado y Chimbas seguirá gobernándose con números viejos en un contexto nuevo. Una interna feroz que les puede costar perder el departamento en el 2027, entre la intendente Daniela Rodríguez, y el exintendente Fabián Gramajo (exesposos y socios políticos), un final absurdo y una enseñanza clara, porque en la política sanjuanina, a veces no gana el que vota… gana el que se abstiene.

