El ex contador celestial deberá devolver su desvío terrenal: la Iglesia no acepta cheques en el cielo.
En los anales de la moral contable, se susurra que Juan Brozina, otrora contador del Arzobispado de San Juan, ha recibido una sentencia que podría despertar incluso al más somnoliento monje: debe devolver más de 4 millones de pesos al templo, porque sí —dicen los jueces— desvió fondos hacia su propia cuenta.
Se ha dicho que el pecado del número no perdona. En 2016, el propio arzobispo Alfonso Delgado llegó a la Justicia señalando las travesuras financieras de Brozina. El acusado admitió que, entre enero y noviembre de 2015, transfería sumas pequeñas (a lo ladrón sigiloso) a su cuenta: 96.858 pesos en enero, 87.151 en octubre, y un combo mensual digno de novela financiera.
La jueza civil Amanda Días, con toga y pluma (metafórica), estableció que esos movimientos no eran errores contables: eran “sustracción indebida e injustificada”. Tiempo de San Juan Así que Brozina, en el plazo de diez días hábiles, tiene que devolver la guita con intereses, o enfrentar un embargo de sus bienes inmuebles (tal vez hasta esa estancia que creía santurrona).
Ya en lo penal, pactó algo parecido a un “amor y paz”: recibió probation bajo la condición de compensar el daño causado. Pero civilmente no pudo evadir la balanza de la justicia.
Interpretación filosófica con toque de humor:
- En la ética platónica, la virtud es el justo medio; en cambio Brozina eligió el medio… medio millón por mes.
- San Agustín podría decir que el corazón del hombre es un cofre incierto, pero Brozina demostró que también puede funcionar como cajero automático personal.
- Hay quienes creen que Dios ve todo. Pues bien: ahora también lo ve la Justicia.
- Finalmente, es una lección (y un chiste con moraleja): si vas a administrar lo sagrado, que tus cuentas no se vuelvan pecaminosas.

