Resulta que el fiscal en lo Penal Económico, Claudio “Chiqui no es tan chico cuando se trata de guita” Tapia, su compinche Pablo “Tovo” Toviggino y casi toda la cúpula de la AFA fueron invitados a dar explicaciones ante la Justicia por una presunta maniobra de retención de impuestos y aportes previsionales que… oh sorpresa… no se depositaron donde correspondía. ¿Dónde anduvieron esos casi 19.000 millones de pesos? Quizás comprando asientos platea VIP, reservando parrillas para dirigentes o como fondos extras para algún dirigente.
Según la denunciante ARCA, la AFA hizo de agente retenedor pero actuó como si fuera agente de inversión personal: descontó impuestos y aportes, pero jamás los mandó al fisco. Nada mal para unos señores que supuestamente estaban cuidando el fútbol argentino.
La causa está en manos del juez Diego Amarante, que ahora tiene la ingrata tarea de determinar si estos muchachos confundieron la caja de la AFA con una alcancía propia. Y ojo: a los imputados les puede caber hasta pena de cárcel de 2 a 6 años si se prueba que la maniobra fue con intención. Nada dice “felices fiestas” como una imputación judicial y millones que desaparecen más rápido que un cafecito post-reunión en la AFA. Porque si hay algo que aprendimos este año es que el fútbol argentino no solo genera goles, también genera causas judiciales con sabor a mucha corrupción.

