¡Qué estreno, papá! El boleto escolar gratuito arrancó y San Juan no colapsó (milagro)
«Muy positivo«, dijo con una sonrisa de oreja a oreja el secretario de Tránsito y Transporte, Marcelo Molina, sobre el debut del boleto escolar gratuito. No especificó si hablaba del transporte o de su karma, pero lo cierto es que el colectivo salió a la calle, no explotó, y la gente subió sin pagar. Pequeños triunfos de la humanidad.
¿Quiénes son los “ordenadores”?
Una suerte de patrulla escolar versión siglo XXI. Gente que apareció junto con el boleto gratis, como los champiñones después de la lluvia, para controlar que todo fluya sin caos. Básicamente: el cuerpo élite del “subí, mostrá, bajá”.
¿Y cómo lo vivió la calle?
Entre la confusión, la alegría y la mística de no saber si uno estaba viajando gratis o cometiendo una infracción federal. Pero igual se subieron todos. Porque el “gratis” es el lenguaje universal.
Volviendo a Molina, el funcionario aclaró que «hubo algunos hechos aislados, alguna queja, alguna observación», o sea: caos menor, gente gritando, colectivos que no sabían si eran taxis o naves de Star Wars, pero todo bien porque “había que salir de la ansiedad”. Porque sí, lo importante no es planificar sino tirarse a la pileta y ver si hay agua.
Y encima, el beneficio también es para los docentes. Bien ahí. Aunque, con los sueldos docentes, que sea gratuito el transporte es casi un gesto de humanidad.
La credencial, ese hermoso caos
El momento confuso de la semana fue cuando nadie sabía si había que tener credencial o no. Molina lo explicó como quien da indicaciones con jeroglíficos:
“La credencial no es obligatoria, salvo que sí lo sea. O sea, si no vas con uniforme, sí. Pero si sos universitario, sí o sí. Pero tranqui, que hay tiempo. O no.”
Colectivos que no marcaron el boleto escolar gratuito
Según Molina, fue una confusión porque las máquinas mágicamente se actualizaron solas a la medianoche del domingo. Y el lunes ya estaban listas para marcar “gratis”, aunque algunas se hacían las tontas.
Y en los departamentos alejados…
La lógica fue: si hay SUBE, hay 10 centavos de boleto. Si no hay SUBE, hay papelitos y nostalgia. En lugares como Jáchal, Calingasta, Valle Fértil e Iglesia, todavía no tienen el beneficio porque… bueno, porque no. Son pocos, pero tampoco tan pocos como para que no molesten.
Molina prometió que para mayo esos olvidados del sistema van a tener su solución. ¿Qué sistema? Algo con lectura e identificación… o sea, tecnología que seguro llegará justo a tiempo para el Día del Estudiante 2027.
Mientras tanto
A seguir pagando con 50% de descuento. Algo es algo. Y mientras tanto, rezar que el sistema de lectura no sea un scanner de fotocopia Canon modelo 1998.

