En un mundo atravesado por conflictos armados, tensiones diplomáticas y mercados inciertos, el oro se consolida como el activo más buscado. El precio de la onza troy ronda los 3.388 dólares, rozando el récord histórico de 3.400 alcanzado hace dos meses. Mientras la Reserva Federal de EE.UU. define su política monetaria, los inversores ya tienen claro su destino: el oro.
Durante los últimos dos años, el valor del metal precioso aumentó un 60% en dólares. No es casual. Desde la guerra entre Rusia y Ucrania, pasando por los choques comerciales entre EE.UU. y China, hasta la reciente escalada militar entre Israel e Irán, el planeta no ha tenido tregua. En este contexto, los bonos del Tesoro estadounidense y el dólar, tradicionales refugios, han perdido parte de su brillo. Y el oro volvió al centro de la escena.
En lo que va de 2025, el oro subió un 13,8%, impulsado por la fuerte demanda de activos que garanticen resguardo frente al caos. Los bancos centrales de todo el mundo son grandes protagonistas: solo en 2024 compraron más de 1.000 toneladas, encadenando tres años consecutivos de compras extraordinarias. Dos de cada tres bancos centrales diversificaron sus reservas incluyendo oro, y un 40% lo hizo con el objetivo explícito de blindarse ante el riesgo geopolítico.
En Argentina, la historia no es distinta. En un país donde la confianza en el sistema financiero es frágil, el oro se percibe como una alternativa sólida. Ya sea en entidades financieras, casas de cambio autorizadas o plataformas digitales, cada vez más argentinos apuestan por el metal dorado como reserva de valor.

