Parece que en la Argentina el «hasta que la muerte nos separe» se tomó vacaciones largas y no piensa volver. El Registro Civil pasó de ser una fiesta de arroz y tíos borrachos en los 80 —con más de 157.000 casamientos al año— a estar más tranquilo que un lunes a la mañana, con suerte llegando a los 91.000.
De los 157.000 a los 91.000: Pasamos de un «Sí, acepto» masivo a un «Vemos qué onda» generalizado. ¡Una caída muy fuerte. A este paso, en 10 años el único que se va a casar es el que pierda una apuesta.
La Unión Convivencial es el nuevo «estamos saliendo»: Ahora la gente prefiere el papelito de la unión convivencial, que es como el matrimonio pero en versión light y sin tener que pagarle el salón a 200 parientes que ni saludás.
El efecto 1987: Desde que salió el divorcio, parece que a muchos les dio miedo entrar por si no encuentran la puerta de salida.
El bajón de la pandemia: En 2020 solo hubo 76.000 casamientos. Básicamente, se casaron los que estaban muy aburridos en el encierro o los que no se aguantaban más y querían el papel de divorcio rápido.
El amor sigue estando, pero la firma en el libro de actas tiene menos éxito que el Fernet con Pepsi. Hoy los argentinos prefieren invertir la plata del casamiento en un buen asado y que cada uno se vuelva a su casa…

