Resulta que el Banco Central de la República Argentina, esa entidad que suele aparecer solo cuando hay que pegarle al bolsillo del ciudadano promedio, decidió meter la nariz donde más huele a quilombo: en los números gordos de la AFA, la misma AFA que siempre tiene problemas fuera de la cancha más que dentro.
¿Qué le saltó a esta superheroína del cepo? Pues que habría recibido más de 131 millones de dólares y ¡casi 95 millones de euros! a través de mecanismos tan transparentes como la política de transferencias en el chat de un grupo de WhatsApp de árbitros.
¿Cómo habrían disfrazado la guita?
Dicen que los billetes entraban como:
- “Donaciones” (sí, como si el Tío Sam mandara billetes para el asado del plantel), o
- “Otras transferencias corrientes”, ese cajón de sastre donde va todo lo que no se quiere explicar.
O sea… que si la AFA armara una sucursal de Harry Potter y la Cámara de los Dólares Ocultos, no habría sido sorpresa.
Pero ojo, la cosa no termina ahí
El escándalo es parte de una gran fiesta judicial y fiscal que ya incluyó:
- Imputaciones por retenciones mal hechas de aportes jubilatorios (más de $19.000 millones que no fueron a donde tenían que ir).
- Misterios inmobiliarios en Pilar con mansiones valuadas en más de US$20 millones y autos de colección suficientes para hacer una caravana presidencial.
- Presuntas triangulaciones de fondos que harían sonrojar a cualquier telenovela económica.
Todo esto combina dos cosas que siempre dan vidriera: fútbol + sospechas de plata escondida. Cuando se juntan esos dos ingredientes, no necesitás VAR, necesitás una lupa y un afilado sentido del humor para sobrevivir.

