El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió a demostrar que en la política argentina siempre hay espacio para una explicación creativa. Esta vez lo hizo después del viaje a Nueva York con comitiva oficial, avión presidencial y un detalle que levantó más cejas que un aumento de impuestos: la presencia de su esposa en el vuelo.
La polémica empezó cuando la oposición preguntó algo bastante simple: ¿qué hacía la esposa del funcionario en el avión oficial?
Una pregunta terrenal, concreta, de esas que no requieren un tratado filosófico.
Pero Adorni decidió abordar el tema con una profundidad lingüística digna de la Real Academia Española.
Desde su cuenta de X reconoció que cometió un error. No por el viaje, no por la comitiva, ni por el paseo aéreo familiar financiado por el Estado. El error, explicó, fue una palabra.
“La palabra no debió ser deslomarse”, admitió.
Ahí está entonces el drama nacional: el país discutiendo si un funcionario metió a su esposa en el avión presidencial… y el funcionario explicando que el verdadero problema es la semántica.
Una especie de tragedia gramatical en pleno vuelo.
Según el propio Adorni, todo esto forma parte del esfuerzo del gobierno de Javier Milei por cambiar un país que —según la narrativa oficial— les dejaron destruido. Y puede ser. Porque si algo está claro es que están cambiando muchas cosas. Por ejemplo, ahora los escándalos políticos ya no son problemas de gestión: son malentendidos lingüísticos.
El jefe de Gabinete también aseguró que el oficialismo enfrenta sectores que quieren impedir que la Argentina cambie. Lo cual siempre resulta un recurso útil: cuando hay críticas incómodas, aparecen enemigos invisibles que explican todo.
Para cerrar, agradeció el apoyo del gabinete y del presidente Milei. Algo lógico: en política nadie deja solo al vocero cuando el avión empieza a perder altura.
Así termina este capítulo del folclore político nacional: un funcionario que reconoce un error… pero no el que todos estaban mirando.
Porque en esta historia, según parece, el problema no fue el vuelo, ni la compañía, ni la polémica.
El problema fue el diccionario.

