Acueducto Gran Tulum: la obra maestra de enterrar dólares (y caños truchos)

Sí, estimado lector. Usted creyó que lo había visto todo. Pero no. Resulta que en San Juan, tierra bendita por el sol y maldecida por las licitaciones, alguien enterró 10 kilómetros de caños inútiles. No para ocultar contrabando, no para hacer un túnel secreto hacia el éxito… no. Los enterraron en nombre del progreso. Y después, los desenterraron porque –¡oh sorpresa!– eran caños para escurrir agua de lluvia, no para bombear agua potable. Un pequeño detalle que nadie notó, total, era solo una obra de US$200 millones.
Según la contabilidad creativa de la nueva gestión, esos caños que duraron lo que un chocolate en una escuela primaria salieron unos 50 millones de dólares. Cincuenta. Con F. De “faaaaa… qué choreo”. Así, como quien tira un vuelto al pozo ciego del presupuesto, instalaron caños que no servían y después dijeron: “Oops, disculpe usted, señor contribuyente, nos equivocamos de tubo”.
La obra, financiada con fondos internacionales –algunos de Kuwait, otros de Australia, y otro tanto del sufrido bolsillo nacional–, se pensó como la solución mágica al agua potable para media provincia. Pero terminó pareciendo más a un sketch de Capusotto con presupuesto kuwaití.
¿Y qué pasó con los caños nuevos que pusieron después? Bueno, tranquilos, que no cunda el pánico: tampoco sirven, o al menos están esperando que una universidad (que no es de San Juan, obvio) diga si son útiles o si también hay que sacarlos con retroexcavadora y tirarlos a la colección de papelones nacionales.
Todo esto pasó mientras OSSE estaba en manos de Guillermo Sirerol, bajo la supervisión del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de Ortiz Andino, alias “el arquitecto del Titanic sanjuanino”. Y como buen truco electoral, ya en campaña del 2023, el ex diputado Eduardo Cáceres salió a mostrar los caños tirados al costado de la ruta, como quien muestra cadáveres de una batalla perdida contra el sentido común.
Resumen para el apurado:
– Se enterraron caños inútiles por US$50 millones.
– Se desenterraron.
– Se pusieron otros.
– También serían inútiles.
– Y ahora estamos esperando un informe universitario para saber si seguimos cavando o directamente nos rendimos al desierto.
Moral de la historia: si alguna vez te sentís inútil, recordá que hay caños enterrados por millones de dólares esperando que alguien les diga si sirven para algo.

