Alberto Carlos Balmaceda, pastor evangélico y ahora evangelizador VIP del Servicio Penitenciario, declaró en la audiencia por las siete estafas que lo tienen más complicado que Adán el Día de la Madre. En su descargo celestial, aseguró que no es un estafador, “ni ahí”, y que la verdadera operadora de la divina truchada fue Karen Heredia, una fiel con más picardía que ángel caído.
Según Balmaceda, su único pecado fue abrirle el micrófono a Karen en la iglesia, y ahí se armó la cadena de favores (y fraudes) con las “carpetas bendecidas” del IPV.
La versión del pastor:
“Karen vino a la iglesia como quien trae una palabra… pero trajo carpetas. Y no carpetas con versículos, no… carpetas con casas del IPV”, comenzó diciendo el iluminado, mientras los presentes no sabían si estaban en una audiencia judicial o en un sketch de Ariel Tarico.
“Yo solo pregunté, como buen pastor: ¿quién quiere su casita propia? Y claro, se prendieron todos. Pero la plata, ¡yo no la vi ni en billetes de Monopoly! Yo no cobré, no toqué un peso, ni siquiera el diezmo con IVA. Todo fue obra de Karen”, aclaró Balmaceda, en modo yo solo pasaba por ahí.
El arrepentimiento según San Balmaceda:
“Estoy arrepentido… de haber preguntado quién quería su carpetita. Fue un acto de fe, no de fraude. Yo solo quería que mis fieles llegaran a la tierra prometida con pileta y parrillero”, dijo con la mirada perdida en el techo, tal vez buscando una señal WiFi del más allá.
La perla final:
“No recibí dinero, ni lo recibiría. No me interesa”, declaró, mientras en su historial de WhatsApp aparecían mensajes tipo: “Hermana, transferime a este alias: casasdelseñor.ok”.

