Esto es un nuevo capítulo en la tragicomedia del peronismo, con el título de siempre: «Unidad hasta que me conviene».
La flamante creación del bloque Convicción Federal suena más a un grupo de autoayuda para peronistas desorientados que a una jugada política sólida. Se “distancian del kirchnerismo”, pero se quedan dentro de Unión por la Patria. Es como decir que se separaron de su pareja, pero siguen viviendo en la misma casa y compartiendo Netflix.
Mientras tanto, Cristina Kirchner sigue creyendo que es la gran titiritera del PJ, pero la realidad es otra: cada vez que aprieta el puño para ordenar el espacio, se le escapan más dedos. No es casual que en varias provincias ya le estén pasando factura por haber convertido al peronismo en un culto al AMBA, con ella como sacerdotisa máxima.
En el fondo, la amenaza de expulsión a los «traidores» que voten con Milei es un chiste de mal gusto. Como si Cristina no supiera que muchos gobernadores y legisladores ya están más cerca del libertario que de su propio liderazgo. Después de todo, cuando hay promesas de obras públicas de por medio, las lealtades se licúan más rápido que el peso en una mesa de casino.
El peronismo federal se rebela, el kirchnerismo se atrinchera, y en el medio, Milei se frota las manos. Con opositores así, ni siquiera necesita oficialismo.

