Pasada la hora límite, con solo 16 diputados en el recinto, el secretario legislativo Gustavo Velert, con cara de ‘¿y ahora qué hago?’, les recordó que para sesionar necesitaban una mayoría simple. Claro, como si eso fuera tan fácil como pedir un café en la esquina. Afuera, la mayoría de los diputados peronistas estaban en modo ‘aquí no se pasa’ y no tenían intenciones de dar quorum. Fuentes cercanas al asunto dijeron que el mismísimo Sergio Uñac, el hombre con más poder que el Wifi en San Juan, intervino para que el proyecto no viera la luz.
Luis Rueda, Mario Herrero y Marcela Quiroga ya habían confirmado su ausencia, pero el resto de los peronistas, con más excusas que un chico en el día de exámenes, ni siquiera se dignaron a aparecer. Para evitar que la sesión se cayera como una mala dieta, Juntos por el Cambio pidió media hora más, tiempo en el que se desató un verdadero ‘rosqueo’ más enrevesado que un enredo de cables. Parecía que estaban negociando todo: ¿quién iba a votar? ¿Quién no? ¿Y si cambiamos el menú?
Mientras tanto, las especulaciones volaban. Se decía que el tema del Memorándum no era ni por asomo el centro de la discusión, sino que el verdadero drama eran los Fondos de Emergencia Municipal. O sea, lo que realmente tenían entre manos eran los billetes y cómo repartirlos, porque, ya saben, cuando hay plata en juego, hasta el más dormido despierta.
Finalmente, después de horas de intriga y drama político, a las 11:45, la cuarta sesión arrancó con 30 diputados, los peronistas incluidos. Después de unos ‘momentos de respeto’ por el fallecimiento del diputado Horacio Quiroga, Juan Carlos Quiroga Moyano, con cara de pocos amigos, soltó que su bloque no iba a acompañar el acuerdo, porque este proyecto no tenía ni el más mínimo tratamiento en comisión. O sea, en resumen: ‘Este proyecto es más improvisado que la última fiesta de fin de año’. Y para rematar, nos dejó claro que se retiraban del recinto, como si fueran los anfitriones que no querían seguir la fiesta.”

