Agárrense de los rosarios porque se viene la misa en Luján con el papa León XIV, y el Axel Kicillof —que ya anda con el traje de candidato 2027 planchadito— sacó la libreta de direcciones y mandó una tarjeta de invitación de lujo. ¿A quién convocó en primera fila? Nada más y nada menos que a Claudio “Chiqui” Tapia. Sí, el mismísimo mandamás de la AFA y del Ceamse, dos kioscos donde el Axel lo puso a dedo para que administre la basura ¡y no solo la de la calle!
El Chiqui va a pisar la basílica en pleno huracán judicial, con la Justicia pisándole los talones por desvío de fondos a cuentas fantasma, imputado por enriquecimiento ilícito y sospechado de que los árbitros cobran con el manual de la AFA bajo el brazo. En la cancha los hinchas lo quieren linchar —hasta Messi tuvo que gambetearlo para no sacarse fotos con él en la despedida—, pero el Axel no le suelta la mano ni abajo del agua. Total, ¡qué son unos par de palos verdes entre amigos de la causa!
La amistad viene fuerte, juntos recorrieron el Estadio Único de La Plata, que la Provincia le prestó a la AFA a cambio de «obras» que probablemente se paguen con facturas de medialunas por 80 millones de pesos. Y como la sede de Viamonte le quedaba chica (y muy cerca de los tribunales de Comodoro Py), el Chiqui agarró las valijas y mudó la AFA a Pilar, un movimiento de ajedrez táctico solo comparable con gambetear un pedido de auditoría.
Mientras el Chiqui le tira flores en X al Papa hablándo de «humildad» y «paz» (dos palabras que en la AFA se la pasan por el orto), en la misa compartirá banco con toda la plana política: desde el gabinete bonaerense hasta los enviados de la Casa Rosada como Diego Santilli, Scioli (que no se pierde una foto ni por casualidad) y la tropa de Milei. El Axel Kicillof desplegó un operativo de 11.365 policías, no sabemos si para cuidar al Papa o para evitar que al Chiqui le embarguen el rosario en la entrada. ¡Que reine la fe, la esperanza y que la Justicia del hombre siga mirando para otro lado!

