Mientras los pronósticos meteorológicos tiraban alertas rojas por el Superniño, avisando que las tormentas y las catástrofes climáticas se iban a chupar todos los recursos municipales, y mientras los vecinos rezaban para que no se les vuelen los techos ni se inunde el departamento, a Don Santos se le encendió la lamparita de la necesidad más urgente de la patria: comprar cuarenta cajas de regalos empresariales con la jeta del General Perón, vino Cabernet Sauvignon, frutos secos y un bombón de membrillo.
Sí, leyó bien, estimado contribuyente. Con el agua literalmente amenazando con llegarle al cuello a todo Calingasta, al tipo se le ocurrió que la mejor estrategia para mitigar el cambio climático era armar una comilona patriótica con platita del Estado.
Radiografía de un negociado con bajada de línea
Vamos a desglosar esta joya de la administración pública que quedó inmortalizada en el expediente municipal N.º 8627, porque no tiene desperdicio:
- El timing perfecto: El municipio apretado, pidiendo auxilio, reorganizando presupuestos para ver cómo carajo se le hace frente a una emergencia climática histórica… y el tipo firma un presupuesto el 29 de julio de 2026 para que le entreguen el circo el 20 de agosto. El timing de un buitre con hambre atrasada.
- El capricho de lujo: No era una caja de cartón cualquiera, eh. No, señor. Estamos hablando de una presentación artesanal en madera de pino, con tapa, bisagras, cierre frontal y grabado en la cubierta. Un nivel de sofisticación estética que haría llorar de emoción al mismísimo San Martín, si no fuera porque se pagó con la tuya.
- El menú de la resistencia: ¿Qué había adentro para justificar un total de $1.479.600 (a razón de $36.990 por cajita)? Un vinito para pasar el mal trago, almendras, nueces, pasas de uva, maní y, por si fuera poco, un bombón de membrillo como caricia al alma. Todo muy revolucionario, muy doctrinario, pero con la billetera ajena somos todos Perón en yate.
Santos Domingo Zárate: El estratega del despropósito
Hay que tener la cara de piedra, pero de una piedra tan densa que ni un taladro la cruza, para anteponer un vino con etiqueta peronista y una picada de frutos secos a la urgencia de una comunidad entera.
¿Cuál era el plan, Santos? ¿Atajar la crecida del río con almendras? ¿Construir defensas aluvionales pegando cajas de pino con saliva y devoción partidaria? ¿Ofrecerle un Cabernet Sauvignon al Superniño para ver si entra en razones y se compadece de Calingasta?
Es la postal perfecta de la casta en su máxima expresión: la tragedia ajena es apenas un inconveniente menor mientras el ego y los gustos personales queden debidamente financiados por el erario público. El tipo te manotea un palo y medio del presupuesto municipal en medio de una crisis climática inminente, con una liviandad que asusta y marea.
Desvergonzado serial. Hipócrita de manual. Mientras los vecinos miran el cielo cruzando los dedos para no perderlo todo, Zárate estaba más preocupado por cómo iba a salir grabado el perfil de Perón en la madera y si el vino iba a estar a la temperatura justa.
Que la historia lo juzgue… o que por lo menos le hagan devolver hasta el último centavo del bombón de membrillo.

