PARÍS.- Miles de manifestantes marchan este sábado en distintas ciudades de Francia como parte de una nueva jornada de movilización, que cuenta con una importante convocatoria de distintos sectores sociales. El gobierno busca restringir la participación de los “grupos de ultraizquierda” y dispuso un gran operativo con más de 70.000 agentes de seguridad, mientras comercios y museos cerraron para evitar saqueos y disturbios.
En el primer balance de la jornada, el Ministerio del Interior informó que ya se reportan 35.000 manifestantes y 135 detenciones en todo el país, la mayoría producto de controles preventivos y secuestro de elementos utilizables como armas, según consignó el diario Le Figaro.
En París, la columna central se concentra en la place d’Italie junto a dirigentes estudiantiles y sindicatos, luego de que las fuerzas de seguridad desalojaran la plaza de la Bastilla —donde la convocatoria pensaba llevarla a cabo originalmente—. Los agentes colocaron barreras en los accesos para desviar a los manifestantes hacia la nueva cabecera.
A lo largo del trayecto por el boulevard Poniatowski, varios comerciantes atienden a la gente a través de persianas a medio bajar, luego de enterarse pocas horas antes del cambio del recorrido oficial.
En el resto del país, se registran concentraciones de unas 500 personas en la place Jean-Macé de Lyon y de cientos de estudiantes y afiliados a la CGT en la place de la Bourse de Bordeaux. En Orléans, manifestantes lanzaron clavos contra los representantes del Rassemblement National, partido político francés de extrema derecha y nacionalista, fundado originalmente por Jean-Marie Le Pen en 1972 y liderado actualmente por su hija Marine Le Pen y Jordan Bardella.
En la ciudad de Lyon, agentes de las fuerzas de seguridad dispararon granadas de gases lacrimógenos para dispersar a un grupo que intentaba bloquear la circulación vehicular en un sector no autorizado por prefectura.
En Toulouse, la policía secuestró morteros, armas y elementos de protección durante las inspecciones previas al inicio de la marcha principal, de acuerdo con un comunicado de las fuerzas de seguridad de la región de Occitania y de Haute-Garonne.
La tensión y los operativos se extienden también en otras regiones. En el departamento del Nord, informaron 30 detenciones —25 de ellas en Lille— y el secuestro de navajas, cuchillos de caza y rifles de aire comprimido. En Marseille, la policía detuvo a una persona que llevaba morteros pirotécnicos en la vía pública.
En Chambéry, cerca de 1000 personas ocuparon la Voie Rapide Urbaine —una autopista urbana— y dejaron cientos de autos varados. En Grenoble, grupos encapuchados atacaron y rompieron los frentes de locales de la Fnac, la inmobiliaria Foncia y un McDonald’s.
En Bordeaux, por su parte, la marcha no para de crecer y se extiende con una fila de participantes de 800 metros, custodiada por agentes en los edificios públicos. En Nice, la policía de la guardia urbana avanzó sobre la place Masséna para desalojar la zona tras emitir las advertencias de dispersión.
El operativo de seguridad
El dispositivo desplegado por el gobierno del presidente Emmanuel Macron incluye unidades de élite de la policía, efectivos de la Gendarmería Nacional, soldados de la misión de vigilancia Sentinelle, vehículos blindados, helicópteros y drones en las principales zonas céntricas.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez advirtió horas antes: “Seremos intransigentes. Seguimos extremadamente atentos porque ciertas movidas ultras llaman a pasar a la acción”.
Las medidas buscan prevenir nuevos episodios de violencia tras las protestas del sábado pasado—ya conocido como 17-O—, que dejaron cerca de 3000 locales comerciales dañados o saqueados en todo el país.
Es en este contexto que los principales museos nacionales decidieron no abrir sus puertas, entre ellos el Museo del Louvre, el Museo de Orsay, el Grand Palais, el Petit Palais, el Museo Picasso, la Maison Victor Hugo y la Bibliothèque nationale de France. Por su parte, el Château de Versailles suspendió el ingreso de visitantes a partir del mediodía. Además, la feria de arte contemporáneo Art Basel resolvió cancelar las actividades previstas en el Grand Palais para todo el fin de semana, mientras que las galerías participantes retiraron y desmontaron las obras expuestas al aire libre.
En términos de transporte, se dispuso el cierre preventivo de 24 estaciones de subterráneo, entre las que se encuentran Charles de Gaulle – Étoile, Concorde, Champs-Élysées – Clémenceau, Odéon y Saint-Germain-des-Prés. La empresa estatal RATP interrumpió el servicio en tramos de las líneas 2, 6 y 12 del metro, la circulación de dos líneas de tranvía y el recorrido habitual de catorce líneas de colectivos. En paralelo, más de 110 estaciones del sistema de bicicletas quedaron fuera de servicio dentro de los perímetros de seguridad.
En el sector comercial, los negocios del centro parisino reforzaron sus vidrieras con paneles de madera para evitar ataques. Grandes firmas internacionales se sumaron a las medidas preventivas; Apple tiene cerradas sus tiendas en la capital, al tiempo que suspendió la atención en sus locales ubicados en las ciudades de Lille, Bordeaux, Strasbourg y Aix-en-Provence.
El movimiento de los chalecos amarillos coordina cerca de 500 acciones en todo el territorio francés, con presencia confirmada en 86 rotondas, 21 estaciones de servicio, 33 terminales ferroviarias, 17 puentes y 17 cabinas de peaje.
Las columnas de marcha agrupan a estudiantes secundarios, organizaciones sindicales y sectores autoconvocados que reclaman por el aumento del costo de vida y los recortes en los servicios públicos.
El marco político
Las protestas se dan en un contexto de creciente erosión política para la administración de Macron, cuya popularidad registra los niveles más bajos desde su llegada al poder en 2017, en la recta final de su segundo mandato y de cara a las elecciones del año próximo, en abril.
Las protestas comenzaron semanas atrás con movilizaciones estudiantiles por la falta de presupuesto y vacantes en la educación pública; más tarde derivaron en un reclamo generalizado frente al aumento del costo de vida.
La tensión institucional se trasladó al terreno político y digital. A través de sus cuentas oficiales en X, el partido de izquierda La France Insoumise (LFI) cuestionó las restricciones de las autoridades y convocó a marchar hacia la porte d’Italie.
En un mensaje posterior, destacaron la convocatoria: “¡Enorme manifestación en París a pesar del cambio de lugar impuesto por la prefectura de policía! Todos movilizados en apoyo a la juventud, contra la vida cara y contra la deriva autoritaria del poder”.
El líder de la fuerza, Jean-Luc Mélenchon, se sumó a las columnas en las calles y criticó las medidas dispuestas por la policía: “Una vez más, quienes ostentan el poder están creando obstáculos para las marchas e imponiendo plazos imposibles para que la gente se reorganice”.
Por su parte, la jornada coincidió con el congreso nacional del Rassemblement National encabezado por Marine Le Pen en Orléans, donde se concentraron acciones de rechazo contra la fuerza de derecha.
Respecto de la protesta frente al encuentro partidario, Bally Bagayoko, dirigente de LFI y exconcejal de Saint-Denis, sostuvo: “Hemos venido a decirle a la extrema derecha, cara a cara, que no tenemos miedo”.
Agencias AP y AFP

