Viajar en colectivo ya es bastante complicado entre el costo del boleto, las demoras y el trajín diario, como para que encima te toque vivir un momento de terror porque a alguien se le ocurre arrojarle una piedra a la unidad.
La situación en San Juan —especialmente en departamentos como Chimbas, donde la cosa está brava en zonas como Cipolletti, calle 25 de Mayo o Benavides— ya colmó la paciencia de todos. No es solo la rotura de vidrios o el costo de arreglar los colectivos, que de por sí es un dolor de cabeza para las empresas. El problema real y más grave es que arriba van trabajadores, estudiantes y familias enteras que se exponen a terminar lastimados de milagro.
Desde la Policía reconocen que estos ataques vienen en una «gira» interminable: aflojan un tiempo, parece que se calma y después vuelven con todo. Por eso, el subjefe de la fuerza, el comisario Pablo Torres, salió a confirmar que van a reforzar los controles. ¿Cómo? Con policías subidos a los colectivos en los tramos más picantes y patrulleros haciendo rondas constantes para espriar a los inadaptados de siempre.
El tema no es menor. Si los ataques siguen, el fantasma de que las líneas cambien o recorten sus recorridos para proteger a los choferes está más latente que nunca, lo que terminaría perjudicando a miles de usuarios de la RedTulum que dependen sí o sí del servicio.
Esperemos que estos operativos no queden en la nada y que de verdad le pongan un freno a la violencia, porque los únicos que pagan los platos rotos son los que laburan y se mueven todos los días.
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