Había que organizar una fiesta para los pibes y la agrupación “Coronados de gloria” se mandó con todo. Con todo lo que tenían a mano, incluida una coreografía que, según los presentes, tenía más temperatura que el horno de la abuela en Navidad.
El sábado, en pleno escenario, dos jóvenes salieron a bailar con unos movimientos y unas poses de esas que uno mira y piensa “uy, esto no estaba en el programa”. Poca ropa, mucha onda, y un público que no sabía si aplaudir, taparse los ojos o buscar a la tía para que no mire.
Y ahí empezó el verdadero baile: el de las explicaciones. Según varios asistentes, entre el público había chicos de 17 y 18 años. Desde la organización salieron al toque a aclarar que los protagonistas del show eran mayores de edad. O sea, lo de arriba del escenario estaba en regla. La duda es si tenía sentido en una fiesta juvenil, que no es lo mismo que un boliche a las tres de la mañana.
Como si faltara algo, todo se transmitió en vivo por las redes de los organizadores. Dicen que algunos vecinos pidieron que cortaran la transmisión, pero ya sabemos cómo funciona internet: lo que sube, se queda, y encima se viraliza.
Los padres y vecinos criticaron tanto el número como que se mostrara públicamente, y se preguntaron qué mensaje se le estaba dando a los chicos. Y no los culpo: cuando decís “Fiesta de la Juventud”, la gente imagina folclore, empanadas y alguna banda tocando covers, no una clase abierta de “Baile sensual para principiantes”.
Moraleja: antes de armar la grilla, mirá bien quién está sentado en las sillas.

