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Milei versus el Estado de Bienestar

Última actualización: 20 de octubre de 2026 10:56 am
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La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene. A los ojos de la oposición pero-kirchnerista y la izquierda más dura, el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria conectó esa calle movilizada local con las movilizaciones en Europa de este fin de semana como síntoma de un cambio inminente que está por venir. El fin de la era de la “crueldad” del ajuste, según su mirada.

Del otro lado, el Gobierno pelea con el cuchillo entre los dientes por sostener un relato de logros, aunque por ahora sean módicos, sobre todo, en cuanto a impacto en la actividad, el consumo y el salario. Las movilizaciones que se viven en las calles de Europa también alientan las certezas oficialistas, pero en sentido contrario: la crisis palpable en las principales capitales europeas como prueba del fracaso del Estado de Bienestar ya no solo kirchnerista, sino europeo y global. La Europa en llamas es la versión global de la caída del “anticristo” en el sentido de Luis Caputo cuando dijo: “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo”.

Un Estado de Bienestar deficitario e hiperregulador con efectos colaterales insostenibles, que en Europa, ahora, viviría su final, según la narrativa libertaria, y en la Argentina, ya lo vivió: Milei lo hizo.

Desde el domingo que viene, desde la elección en Brasil, se sucederá una seguidilla de elecciones claves: la de Estados Unidos el 3 de noviembre, la de España el 29 del mismo mes, la de Francia entre abril y mayo de 2027 y luego, la de Argentina, en octubre de 2027. En todos los casos, se está reescribiendo otra polarización cada vez más clara a la que apela la política de todos los colores para ordenar el sentido de la elección: Estado de Bienestar versus anti Estado de Bienestar.

El desembarco de Milei en el escenario global, luego de llegar al poder en la Argentina, va por ese lado, y en dos sentidos. Por un lado, Milei como el arquetipo de las consecuencias de todos los fracasos del Estado de Bienestar: solo la percepción de semejante fracaso por parte del votante puede haber dado piedra libre y sentido a una motosierra tan brutal como la mileísta. Por el otro, Milei como el arquetipo del giro anti déficit y anti desregulación que una parte de la dirigencia política y tecno-empresarial global ve como necesaria. Milei les ofrece el caso testigo en el laboratorio por antonomasia: una Argentina sometida por décadas a la economía estatizada e hipercerrada del “anticristo kirchnerista”.

El “yo se los dije” mileísta

¿Cómo digiere la ciudadanía los cambios estructurales que atraviesa la economía argentina? Esa incertidumbre recorre la Argentina y todavía no encuentra respuesta firme: El jueves de protestas de la semana pasada intensifica el interrogante: ¿esa calle agitada es un síntoma de un sentimiento de insatisfacción más general que circula subterráneo, o apenas una radicalización oportunista de la política más sobregirada? La duda martillea todo el tiempo. La oposición dura sigue construyendo su versión: crisis total. La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene.

“Nosotros miramos a la juventud en Francia, miramos a la juventud en España, que está tomando en sus manos una lucha muy importante contra el congelamiento salarial, por el derecho a la vivienda”, dijo en televisión la militante del Partido Obrero y secretaria del centro de estudiantes de Filosofía y Letras en la UBA. Una síntesis de la expectativa que la oposición radicalizada pone en un presente que muestra puntos desafiantes para el Gobierno. Pero en la Argentina, la agitación callejera por esas causas es esporádica y efímera. La insatisfacción existe, pero hoy está lejos de seguir la coreografía de las crisis económicas argentinas archiconocidas.

El oficialismo huele otros aires. Las revueltas parisinas como un espejo internacional donde el mileísmo ve la prueba contundente de la caída de una falacia, la viabilidad de la expansión infinita de derechos en base al déficit fiscal y el endeudamiento récord. Es el mundo desarrollado el que le da la razón a Milei.

“¿Reconocerán que otra vez acerté y que ellos erraron fuerte?”, tuiteó Milei el domingo, mientras París ardía. Milei retuiteó un posteo de la cuenta Escuela Austríaca de Economía que sintetizaba su posición: “Cuánta razón tenía Milei”. Incluyó un corte del discurso de Milei en Davos 2024. “Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo, en consecuencia a la pobreza. (…) Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa”: un “yo se los dije” mileísta que le da letra al Gobierno para hacer nuevas canciones en el año electoral que ya empezó.

El Anticristo argentino

En realidad, “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo” no fue simplemente una nueva formulación del ya clásico “riesgo kuka”. Tampoco fue un concepto que conecta la visión de Milei-Caputo con una cosmovisión cristiana tradicional. El Anticristo libertario tiene otra raigambre: es la huella más clara que dejó el paso por la Argentina del tecno-magnate Peter Thiel. De Milei y Santiago Caputo a Luis Caputo y Sturzenegger, Thiel dejó marcas conceptuales en su visión del mundo.

La concepción de Thiel le deja dos temas servidos al Gobierno. Por un lado, el Anticristo como un sistema de gobernanza global que disfraza el hiper control de un Estado cada vez más poderoso y regulador con causas políticamente correctas, aprovechándose en realidad de miedos globales como la pandemia, la invasión inmigratoria, el desastre medioambiental y ahora también, el miedo a la IA.

Por el otro, el Anticristo local argentino, el Estado presente del kirchnerismo y las diversas cepas de populismo. Un Estado de Bienestar deficitario e hiper regulador con efectos colaterales insostenibles, que en ahora, en Europa, vive su final. En la Argentina, con Milei, ese final habría comenzado mucho antes: la Argentina kirchnerista, según los ojos mileístas, como el hecho cumplido del fracaso de la promesa populista que ahora también se vuelve más claro en Europa.

El director de comunicación digital en Casa Rosada, Juan Pablo Carreira, usó su cuenta de X, donde aparece como Juan Doe, para poner blanco sobre negro los males del Anticristo europeo: “Francia tiene salud pública gratuita, educación pública gratuita, semana laboral reducida de 35 horas, aborto, planes sociales para desempleo, ley de alquileres, preescolar gratuito y licencia maternal extendida, ley de paridad de género y ley de cupo trans, subsidios a la industria, al transporte, empresas de energía estatizadas, regulaciones e impuestos al carbón y las leyes ecologistas más duras del mundo. Tienen fronteras completamente abiertas, pagan reparaciones por haber colonizado otros países, y hasta viviendas gratuitas para inmigrantes. Tienen todo lo que quiere la izquierda, y aún así los zurdos salen a las calles y prenden fuego TODO. Los socialistas son insaciables. NO HAY QUE DARLES NUNCA NI UN CENTÍMETRO”.

El dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, alineado al máximo con el mileísmo, se hizo eco de la síntesis y retuiteó el posteo. El mundo libertario acelera la lectura del modelo Milei como en combate contra el Estado de Bienestar.

En su reciente presentación en la ONU, Milei retomó el tema del Anticristo en formato de Estado presente global, pero prefirió usar otra terminología. La mano de Santiago Caputo estuvo presente en ese discurso. No habló de “Anticristo” sino de “Leviatán burocrático”. Dijo Milei: “La ONU ha montado un Leviatán burocrático abocado a decidir cómo deben vivir los pueblos y sus ciudadanos. Esto constituye una mezcla curiosa de anarquía y tiranía, impotencia entre quienes rompen las reglas más básicas como dictaduras sangrientas y organizaciones terroristas, y un control e imposición orwellianas ante las democracias liberales que sí cumplen las normas. Lo vimos con la agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo y ambiental, y la inmigración descontrolada”.

Milei fue a la tradición del filósofo inglés Thomas Hobbes, autor de Leviatán, una definición del Estado y su rol de mantener el orden y la seguridad, pero para usarlo como hace Thiel con el Anticristo: un sinónimo de Estado global que se extralimita en sus atribuciones.

El tiempo, ¿para quién juega?

Pasado vs. futuro: la percepción del tiempo político es otro factor que tiñe el diagnóstico del presente y de las chances futuras de la oposición y del Gobierno. Se deriva de esa supuesta batalla contra el Anticristo colectivista que busca marcar el final de los tiempos políticos “colectivistas” conocidos.

Es clave para la oposición dura y su mirada electoral: el pero-kirchnerismo se esfuerza en creer y hacer creer que el mileísmo ya es pasado. Que el Estado de Bienestar vuelve a estar de moda, resurge detrás del humo de las revueltas y el mileísmo es un interregno que ya fracasó, cuando todavía le falta un año. Sólo el sueño de la caída de Milei le puede dar algo de nafta a un frente político huérfano de conducción y de proyecto viable, al menos por el momento.

En cambio, el Gobierno busca oxígeno y desplaza hacia un futuro más indefinido el cumplimiento de su visión, los frutos de otra Argentina potencia, la libertaria. La nueva estrategia es invocar a un votante, el de 2027, que vote con ojos de viajero del tiempo instalado en un futuro prometedor, treinta años adelante, 2057, por ejemplo, cuando al fin se noten todos los efectos de los cambios estructurales de la experiencia mileísta en el poder que hoy, todavía, pueden pasar inadvertidos.

El domingo, en una columna en LA NACION, Federico Sturzenegger se esforzó por tejer esa trama narrativa y corrigió el pronóstico de la bonanza mileísta: 2035, cuando el boom exportador de energía de la Argentina alcance picos históricos o todavía más allá, en treinta años, cuando el espejo retrovisor pueda apreciar mejor los efectos del reformismo del laboratorio Milei: “La presidencia de Javier Milei será recordada, no tanto por cómo transformó su presente, sino por cómo le dio al país la oportunidad de un futuro”, augura Sturzenegger.

Al Gobierno ya no le alcanza con vender un futuro próximo de plenitud, los mejores dieciocho meses que prometió Luis Caputo en abril, y que por ahora no asoman. En Washington, Milei también extendió el cheque del tiempo necesario: primero, puso como condición ratificar el rumbo el año que viene, ganando las elecciones; recién después: “la Argentina volverá a transitar el camino de la grandeza”.

Informales, ¿a favor o en contra?

Bajo el paraguas de la polarización Estado de Bienestar – anti Estado de Bienestar, se da la batalla de interpretaciones en torno a otro tema central que define cada vez más el modelo Milei: el crecimiento de la informalidad en la Argentina. Para la oposición, es la señal de un futuro oscuro de pérdida de derechos laborales, precariedad en el planeamiento de la vida e inmovilidad social. Un Estado regulador que se ausenta, con los peores efectos.

Para el oficialismo, es un síntoma de los caminos de la libertad. En esa ecuación, la nueva mentalidad laboral dejaría afuera al Estado como el salvador y abrazaría una liberación de la manipulación de la política: según el Gobierno, el trabajador informal implicaría la aceptación racional de una escala de vida acorde con los ingresos, sin esperar la licuación inflacionaria y planes platita que empujen un consumo ficticio. El ingreso de la conciencia del trabajador a la mieles de una libertad humilde, pero libertad al fin frente al clientelismo político-electoral.

El secretario de trabajo Julio Cordero lo resumió en el Congreso con otras palabras: “Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia y prefieren ser monotributistas y tener la libertad de trabajar por cuenta propia”.

La exposición del secretario de Trabajo, Julio Cordero, en la comisión de Presupuesto y Hacienda

Hay mucho riesgo en esa interpretación oficialista. Es cierto que el Gobierno de Milei cuenta con una ventaja estructural: una organización económica, global, que le dio a la economía de las aplicaciones un protagonismo desconocido por la política de las últimas décadas.

El Estado anti Bienestar de Milei cuenta con el amortiguador protector ante el desempleo: la pérdida de empleo formal que haría crecer el desempleo se deriva hacia el autoempleo de las aplicaciones. Con eso, la política opositora se queda sin nafta para agitar la calle, y la calle permanece tranquila aún en los diciembres que traen memorias de crisis argentina.

Pero no está claro cómo se experimenta realmente esa informalidad de nuevo cuño. Y esa percepción de los nuevos informales, exformales, es determinante de las expectativas futuras: influirá en el voto 2027. Si el votante informalizado a la fuerza percibe la informalidad como una oportunidad para el cuentapropismo autogestivo, como sueña el mileísmo, o si se lo vive como una jaula sin esperanzas que se liberará de esos barrotes votando contra el Gobierno en 2027.

Esas opciones quedan ocultas bajo el dato del crecimiento de informalidad que cada uno, oficialismo y oposición, leen en su favor. ¿Una cámara de eco propia que nadie sabe cómo va a quedar desmentida por la realidad?

El jueves de la protesta universitaria, cuando se esperaba el debate en el Congreso por el DNU 70/2023, que no llegó, Juan Grabois planteó abiertamente: “Si el Parlamento está en silencio, que grite la calle”. La calle o las urnas: ¿dónde se ordenan las preferencias de la sociedad?

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